La Vía Láctea no siempre estuvo orientada como la vemos hoy. Una antigua colisión pudo girar su disco más de 90 grados y dejar la prueba escondida en las estrellas que rodean la galaxia

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Simulaciones de galaxias semejantes a la nuestra relacionan la lentísima rotación del halo estelar con un cambio radical de orientación. El responsable habría sido Gaia-Sausage-Enceladus, el antiguo intruso que chocó frontalmente contra la Vía Láctea hace unos 10.000 millones de años.