Paqui ya no quiere vivir en el bloque de Juan XXIII de Jerez donde murió Willy: "Después de esto venderé la casa"

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Paqui aún tiene el miedo metido en el cuerpo. Tanto, que asegura que venderá la vivienda en la que lleva años residiendo para marcharse de alquiler a otro lugar. "Después de lo que ha pasado aquí, no quiero seguir viviendo en este bloque, ya me da miedo", dice con voz nerviosa.Eran alrededor de las diez de la noche del pasado martes cuando llamaron a la puerta de su piso, en el número 8 de la calle La Cartagenera, en la barriada Juan XXIII de Jerez. Vive sola con sus dos perritas y abrió sin imaginar que, apenas unos minutos después, sería testigo indirecto de un hecho que terminaría con un hombre muerto.Al otro lado de la puerta había tres personas que preguntaban por Willy.Willy era A.C.G., un hombre de unos 35 años que residía en el cuarto piso del edificio y que acabaría precipitándose desde una de las ventanas de la vivienda, falleciendo prácticamente en el acto tras el fuerte impacto contra el suelo.La Policía Nacional mantiene abierta la investigación para esclarecer si la víctima se lanzó al vacío intentando escapar de quienes habían irrumpido en el piso o si fue arrojada tras una discusión.jerezInvestigan en Jerez la muerte de un hombre tras precipitarse al vacío en Juan XXIII Rubén GuerreroPaqui recuerda que, antes de todo, escuchó fuertes golpes procedentes del piso superior. Le estaban llamando y diciendo que abriera la puerta. Quienes buscaban a Willy terminaron forzando la entrada después de que nadie les abriera. A continuación oyó una discusión y ruidos.Cuando se asomó a la ventana tras escuchar el revuelo vio a Willy en el suelo de la plaza Pedro Palma, y a una de las personas descendiendo por la fachada del edificio para escapar del lugar. Las otras dos abandonaron el bloque por la escalera. "La Policía me enseñó esta mañana la foto de uno de ellos. Se ve que tiene antecedentes", cuenta Paqui.Un bloque marcado por el miedoLos hechos han sacudido a los vecinos de este edificio de pequeños pisos, levantado hace más de medio siglo en una de las zonas más humildes de Jerez, en el que prima gente trabajadora, pero en el que también hay otros que se dedican al trapicheo."El barrio va a peor", señala un vecino que vincula ese deterioro a la venta de droga que, por otro lado, existe desde hace años en la zona. Otro comenta que en los alrededores hay varias viviendas ocupadas, aunque evita estigmatizar a sus ocupantes: "La gente tiene que vivir en algún sitio", dice.Pero la muerte violenta de Willy ha acrecentado la sensación de inseguridad y varios vecinos prefieren no hablar por miedo."Lo acogimos porque estaba viviendo en la calle"A.C.G. llevaba aproximadamente un año viviendo en casa de Rocío, conocida suya desde la infancia, y primo de la expareja de ésta.La familia de Rocío no se encontraba en la vivienda cuando ocurrió todo. "Gracias a Dios estábamos en un cumpleaños. Salimos sobre las ocho de la tarde y poco después de las diez nos llamaron para decirnos lo que había pasado", explica.Uno de los tendederos del bloque, dañado tras los hechos.-JUAN CARLOS TOROEn el interior únicamente permanecía un tío suyo, de avanzada edad, que tampoco pudo aclarar qué ocurrió en los instantes previos a la caída. "No sabe decir si se tiró intentando escapar o si lo empujaron", cuenta Rocío.La noche del martes la pasó Rocío y su familia en casa de su suegra, ya que su vivienda se precintó para que la policía pudiera trabajar y recabar pistas. Cuando Rocío regresó al piso, la policía científica ya había concluido la inspección ocular.Allí se encontró con la puerta del piso destrozada, los muebles revueltos y ventanas, paredes y enseres cubiertos por el polvo utilizado para localizar huellas. "Se ve que los tres estuvieron buscando dinero", afirma mientras observa el desorden. De momento echa en falta la videoconsola de sus hijas, aunque todavía desconoce si falta alguna pertenencia más.La habitación donde dormía Willy refleja también la precariedad en la que vivía. Un colchón directamente sobre el suelo, una caja de medicamentos, un microondas y poco más. "Prácticamente hacía su vida aquí dentro", explica Rocío.Según relata, apenas salía de casa. "Hasta para cobrar la prestación se iba a Cádiz”, lo que demuestra que no quería que lo vieran por Jerez.La familia decidió acogerlo hace aproximadamente un año. "Estaba viviendo en la calle y nos pidió si podía quedarse aquí. Había meses que nos daba algo por la habitación, pero nosotros nunca le exigimos nada."Investigación abiertaMientras la Policía Nacional continúa investigando lo ocurrido para determinar las circunstancias exactas de la muerte de A.C.G., el bloque intenta recuperar una normalidad que, de momento, parece imposible.Una vez más, Rocío y su familia dormirán fuera de casa. Vecinos temen hacer declaraciones y en el cuarto piso, la puerta permanece destrozada y las marcas de la inspección policial siguen visibles. La investigación policial determinará qué ocurrió exactamente en la ya fatídica noche del 21 de julio, pero el miedo, sin embargo, ya se ha quedado a vivir en el bloque.