Desde el helicóptero de la Policía no alcanzarían a ver qué animal era ese que se movía por el ruedo. Normal: un bicho indecente había salido por toriles, bautizado con sorna como 'becerriles'. Un becerro para Morante, un becerro para una máxima figura, un becerro para el maestro que mandaba en el cartel. Para colmo, era feo a rabiar, enseñando sus puntitas. Ojo con el chiquitín, tremendamente incómodo con esas miraditas, con rebrincado nervio. Si no se movía aquel juvenil animalillo, con sus carnes sueltas, ¿qué se iba a mover? Decía la tablilla que pesaba 437 kilos, dos kilos por encima de lo obligatorio, dos kilos después de desayunar. Pero aquella criaturita exigía más de lo que aparentaba. Tuvo que... Ver Más