Menos religión en la infancia, peor salud mental en la juventud: lo que dicen los resultados de estudio científico

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(ZENIT Noticias / Roma, 22.07.2026).- El debate sobre religión y salud mental ha adquirido una nueva dimensión. En lugar de preguntarse simplemente si las personas religiosas son psicológicamente más sanas que las no religiosas, un estudio internacional ha examinado qué sucede cuando cambia el papel cultural de la religión, y concluye que, particularmente en las sociedades occidentales prósperas, el retroceso de las creencias religiosas en la formación de los niños puede estar asociado con un aumento de la ansiedad en la juventud.Publicado en Developmental Science, el estudio analizó datos culturales y de salud de 70 países entre 1989 y 2022, basándose en la Encuesta Mundial de Valores, el estudio de la Carga Global de Enfermedad, el Informe sobre Desarrollo Humano y el Estudio sobre el Futuro de las Familias y el Bienestar Infantil. Su pregunta central no era si los padres religiosos crían hijos más sanos, sino si los cambios en las expectativas sociales sobre lo que se debe enseñar y fomentar en los niños tienen consecuencias para su bienestar psicológico.Los resultados fueron más complejos de lo que sugerían algunos titulares iniciales. A nivel global, un creciente énfasis en la independencia no produjo, por sí solo, un aumento uniforme de los trastornos de ansiedad. Sin embargo, el panorama cambió al examinar los países según sus trayectorias culturales más amplias. En las sociedades WEIRD (occidentales, educadas, industrializadas, ricas y democráticas), el movimiento hacia una mayor independencia se asoció significativamente con mayores tasas de trastornos de ansiedad en niños y adolescentes. No se encontró una asociación comparable en los países no WEIRD.El hallazgo más sólido y consistente se refería a la religión. En todos los países estudiados, un mayor énfasis en la fe religiosa como objetivo de socialización se asoció, a lo largo del tiempo, con menores tasas de trastornos de ansiedad en niños y adolescentes. El efecto fue pequeño en términos estadísticos, pero su consistencia en diferentes análisis lo hizo significativo. Los datos individuales de Estados Unidos replicaron el hallazgo y sugirieron que la expectativa cultural de religiosidad era un predictor más fuerte que el compromiso religioso de la madre.Un modelo de panel con desfase temporal cruzado —diseñado para examinar si los cambios en un factor pueden preceder a los cambios en otro— también respaldó la posibilidad de que la religiosidad pueda tener un efecto protector contra la ansiedad durante la infancia y la adolescencia. Por lo tanto, los investigadores señalan la fe como una fuente potencial de propósito y conexión social, en lugar de simplemente como una preferencia personal.Esta distinción es importante. El estudio no demuestra que las personas religiosas sean automáticamente más sanas, ni prueba que la secularización cause directamente enfermedades mentales. Sus hallazgos se refieren a los cambios en las normas culturales a lo largo del tiempo y la relación entre esos cambios y la ansiedad. Leonard K. Kulisch, de la Universidad Ruhr de Bochum, uno de los autores del estudio, ha advertido explícitamente contra la interpretación de la investigación como prueba de que las personas religiosas simplemente gozan de mejor salud mental.Sin embargo, los hallazgos sí cuestionan una suposición común en las sociedades modernas: que la prosperidad económica y la autonomía individual necesariamente hacen que las fuentes de significado más antiguas sean socialmente innecesarias. El bienestar material puede aliviar muchas formas de sufrimiento, pero no puede por sí solo responder preguntas sobre la identidad, la pertenencia, el propósito o el lugar del individuo dentro de una comunidad moral más amplia.Esto podría explicar por qué las conclusiones del estudio son particularmente relevantes para la salud mental de los jóvenes. La infancia y la adolescencia no son meros periodos en los que los individuos adquieren habilidades; son también etapas en las que buscan una respuesta estable a la pregunta de quiénes son y a dónde pertenecen. Las comunidades religiosas pueden proporcionar prácticas compartidas, relaciones intergeneracionales, referentes morales y una narrativa que sitúa el sufrimiento personal dentro de un horizonte de significado más amplio.Para la fe católica, los hallazgos resuenan con una comprensión de la persona humana que se niega a reducir el bienestar a las condiciones materiales o al confort psicológico. La fe no es un instrumento terapéutico inventado para controlar la ansiedad. Tampoco una consecuencia psicológica positiva establece el origen o el propósito de la religión. El hecho de que la amistad, la vida familiar o la práctica religiosa puedan fortalecer la resiliencia no significa que se hayan creado artificialmente como técnicas para gestionar el estrés.La conclusión más seria es antropológica: si la religión contribuye al sentido de pertenencia, al propósito y a un marco estable para la vida, entonces la desaparición de esas estructuras puede dejar un vacío que no puede llenarse automáticamente con mayor riqueza, mayor libertad de consumo o libertad individual. En algunas de las sociedades más prósperas en términos materiales, los jóvenes se enfrentan, sin embargo, a crecientes niveles de fragilidad psicológica.Los propios investigadores abogan por un mayor apoyo a los jóvenes que crecen en sociedades cada vez más secularizadas. Esta recomendación merece ser tomada en serio, pero no debe interpretarse simplemente como un llamado a crear nuevos sustitutos de la religión. La cuestión más profunda es si las culturas modernas han subestimado la necesidad humana de trascendencia, comunidad y significado heredado.El estudio no resuelve la relación entre fe y salud mental. Sin embargo, sí plantea una conclusión cada vez más difícil de descartar: cuando una sociedad cambia los valores que transmite a sus hijos, también puede cambiar el entorno psicológico en el que estos crecen. Y cuando la fe religiosa desaparece de ese entorno, las consecuencias pueden extenderse mucho más allá de los muros de las iglesias.Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace. The post Menos religión en la infancia, peor salud mental en la juventud: lo que dicen los resultados de estudio científico appeared first on ZENIT - Espanol.