En la antigüedad, para los pobres, ir a Santiago suponía una verdadera liberación. Y no me refiero sólo a la espiritual, pues se nos hace difícil que imaginemos el impacto social y festivo que tuvo la peregrinación a Compostela. Hoy, el Camino de Santiago es una de las pocas peregrinaciones del mundo antiguo que conserva un poder carismático, en el sentido weberiano, de atracción y conversión personal, puesto que no está reglado ni obligado por un precepto estrictamente religioso. Va quien quiere ir. La decisión es personal. El camino se puede contar de muchas maneras, así, desde el punto de vista de las leyendas y tradiciones pías que lo conforman. Y en este sentido, el camino es una auténtica maquina... Ver Más