La torpeza que casi 'salva' a los Románov

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Aún no ceñía la corona. Era tan solo el heredero del trono ruso. Sin embargo, el país contra el que, años más tarde, decidiría librar aquella guerra 'pequeña y victoriosa' —tan pequeña que casi le cuesta el imperio— lo acogió con los brazos abiertos y una alfombra roja que parecía tejida para un emperador. Y todo ello a pesar de que esa nación, durante siglos, prefirió encerrarse con siete llaves del mundo. Parecía un guion perfecto, sin fisuras. Pero el engranaje se atascó.