París homenajeó este domingo a los supervivientes del Tour en un circuito urbano abarrotado, que en los últimos años ha añadido al Arco de Triunfo las cuestas de Montmartre, muy efectivas como estampa televisiva icónica y también como picante para una etapa final, otrora aburrida, que ha adquirido formato de mini clásica. El recorrido fue acortado a 89 kilómetros por la lucha contra el fuego en el sur de Francia ; como era de esperar, la carrera volvió a ofrecer espectáculo en unas calles abarrotadas. La jornada comenzó con media hora de tregua antes de exigirse el pelotón un último esfuerzo. Hubo paseo, fotografías, chistes y homenajes para los cuatro maillots, con Tadej Pogacar al frente de una procesión que celebraba su quinto triunfo en la general . Apenas terminó la vuelta de cortesía, comenzaron los ataques. Tampoco había tiempo que perder: la etapa, recortada a sólo 89 kilómetros, era la más breve de esta edición. Los corredores debían completar primero varias vueltas al circuito tradicional, de 6,8 kilómetros, antes de afrontar tres giros más largos por el norte de la capital, cada uno con la subida adoquinada a Montmartre: 900 metros al 6,1%, suficientes para seleccionar la carrera después de tres semanas de fatiga . Desde la última cota quedaban diez kilómetros hasta la meta, una distancia que ofrecía alguna posibilidad de reorganización a los equipos de los velocistas, pero también margen para los ataques y los movimientos tácticos. La única escapada con cierto éxito antes de la primera subida al Sacre Coeur la protagonizaron Mikel Azparren y Guermalec , pero fueron engullidos antes de coronar. La organización tomó los tiempos de la general antes de abandonar el circuito convencional de los Campos Elíseos, de modo que Pogacar y los demás hombres importantes quedaran a salvo de caídas o cortes y pudieron concentrarse ya únicamente en la victoria de etapa. El pelotón puso entonces rumbo a Montmartre, por un trazado más estrecho, sinuoso y quebrado, en el adoquín de la rue Lepic. Pedersen y Van der Poel dieron un hachazo en el pavés , a media cuesta, y fragmentaron el pelotón entre la muchedumbre. Se formó un grupo de 20 corredores (incluido Pogacar) en cabeza que trabajó de forma coordinada para tratar de mantener el hueco con el grupo perseguidor. Del Toro, con problemas mecánicos, quedó cortado. Los dos grupos se fusionaron cuando quedaban 35 kilómetros para la meta y llegaron a la segunda subida con tensión, tratando de llegar al repecho bien colocados. Acometieron la rampa a toda velocidad, en fila de a uno, hasta que Pogacar apretó las tuercas y volvió a adelgazar el grupo. Coronó sólo en compañía de Van der Poel , ambos a una marcha extraterrestre, con Pedersen y Evenepoel tratando de pegarse a ellos en la bajada. Un cuarteto de lujo para el colofón de esta edición, al que intentó atrapar el equipo Decathlon tirando a bloque. El equipo francés enlazó con los fugados a 20 de meta, en un llano donde pedalearon a 65km/h. Carrera nueva para un final que se presumía muy intenso. El grupo entró en la última subida muy estirado, los líderes mostrando sus fauces para entrar bien colocados en una cuesta explosiva pero corta. Pogacar entró en peor situación que la primera vez, pero empezó a remontar y soltó otro acelerón a medio kilómetro que, de nuevo, sólo pudo responder Van der Poel. El holandés logró apretar al líder y cambiarle la cara, pero llegaron a la cima juntos . Eso sí, con no demasiados segundos para escapar del ejército de llaneros velocistas que les perseguían en el descenso, y que lograron ponerse de acuerdo para colaborar en una persecución fabulosa a los dos ciclistas con más cartel del mundo. Se les echaron encima en el último kilómetro. Van der Poel lanzó entonces su último ataque y ni siquiera el líder, insaciable hasta el último día, pudo seguirle . Acosado por los esprínters, el cabeza de cartel del equipo Alpecin hizo un esfuerzo adicional agónico y conquistó por media rueda de ventaja una etapa de cierre descomunal que coronó una vez más al ya legendario Tadej Pogacar .