El zapato de Montagne

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En París hay algo que brilla más que una joya robada del Louvre. Se trata del zapato de Montagne. El de su estatua, claro. El resto conserva ese tono solemne que adquiere el bronce cuando envejece al aire libre, pero la punta del pie derecho parece hecha de otro metal. La encontré hace unas semanas, frente a la Sorbona, en la place Paul-Painlevé y decidí presentarle mis respetos a este viejo amigo, igual que hace años recorrí medio Languedoc para buscar la torre donde vivió y escribió y de paso, caminar entre sus viñedos (todavía custodiados por rosales en los extremos de las hileras) llevarme algunos guijarros de recuerdo y perderme unos días en las numerosas «brocanterías», cuyos dueños matan... Ver Más