El hallazgo es inquietante: mapaches urbanos desarrollan hocicos más cortos y comportamientos más dóciles, cambios anatómicos típicos de especies domesticadas. No es cariño, es evolución acelerada por la disponibilidad de comida en la basura humana. El estudio cuestiona la idea clásica de domesticación y sugiere que, desde hace miles de años, son los animales quienes aprenden a vivir con nosotros.