Minutos antes de que María Corina Machado se dirigiera a sus compatriotas, Delcy Rodríguez , presidenta de Venezuela por delegación de Trump, anunciaba súbitamente la celebración de elecciones. Un anuncio vacío de contenido, porque no tiene fecha ni garantías reales, pero lleno de amaño táctico para ensombrecer el esperanzador regreso de Machado. Quien asienta su poder, primero, en el robo de la victoria electoral a Edmundo González y, después, en la sumisión al presidente de EE.UU., no tiene crédito para, por su sola palabra, liderar la transición a la democracia. Venezuela necesita recuperar la democracia con elecciones limpias, pero la condición inaplazable es erradicar el madurismo de las autoridades electorales y judiciales. Toda sospecha frente a Rodríguez está más que justificada por su colaboracionismo con la represión y la dictadura, pero, por puro realismo, es la carta que la oposición tendrá que jugar para llegar a un proceso democrático, que solo será admisible si cuenta con garantías. Por ahora, el arrebato democrático de Delcy no supera el burdo boicot a Machado.