Lo primero que pide el dolor es venganza. Es un impulso antiguo, feroz, profundamente humano; ahí está nuestra naturaleza apenas disimulada bajo veinticinco siglos de civilización. Esquilo lo comprendió hace dos mil quinientos años. En 'Las Euménides', las terribles Erinias persiguen a Orestes reclamando sangre por sangre. Hasta que Atenea decide sustituir la venganza por un tribunal. Nace así, al menos en la literatura, una de las grandes conquistas de Occidente: la justicia como alternativa a la barbarie. Desde entonces llevamos siglos construyendo leyes, tribunales y procedimientos para que las sociedades sean algo más que una multitud de individuos dispuestos a despedazarse. Pero hay otro consuelo. Los antiguos lo buscaron en sus dioses; Séneca, en la filosofía; los cristianos, en... Ver Más