El I Foro Sevilla Medioambiental aboga por una «alianza valiente» para soluciones climáticas

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La Torre Cruzcampo acogía la mañana del pasado martes el I Foro Sevilla Medioambiental , promovido por ABC de Sevilla en el marco de su iniciativa estratégica Sevilla 2029, con diferentes intervenciones caracterizadas por la propuesta de una «alianza valiente y transversal» que marque las soluciones a los problemas en la materia y el reto de «minimizar la brecha entre la concienciación y la implicación» en la conservación del medio ambiente y la promoción del desarrollo sostenible. Ada Bernal, directora de Relaciones Institucionales de Heineken España, entidad anfitriona del foro en su espacio de Torre Cruzcampo, fue la encargada de abrir la sesión dando la bienvenida al plantel de personalidades de las conferencias y la mesa de debate. Señalaba además el «compromiso» de Heineken con la capital andaluza y además con el proyecto Sevilla 2029 de este periódico, promovido en el marco del centenario de la Exposición Iberoamericana de 1929, para abordar los nuevos retos que afrontan la ciudad hispalense, su sociedad y sus fuerzas vivas. En ese contexto, la directora de Relaciones Institucionales de Heineken España destacaba el papel de este foro como un «espacio de diálogo para construir un futuro mejor para la sociedad», en este caso con perspectivas sobre los retos en materia de medio ambiente. Por eso, remarcaba la «estrategia de sostenibilidad» de la empresa cervecera durante los últimos 30 años, basada en «un modelo de crecimiento cada vez más sostenible», es decir en línea con el espíritu de este nuevo foro. El periodista Juan José Borrero, director adjunto de ABC de Sevilla, continuaba el turno de intervenciones. En su alocución, señalaba cómo este foro se encuadra en la iniciativa estratégica Sevilla 2029 impulsada por el periódico, con la vista puesta en los desafíos actuales de la ciudad y las soluciones a estos retos. En el marco del centenario de la Exposición Iberoamericana de 1929 que inspira esta iniciativa, recordaba que aunque e n la Sevilla de los años 20 del pasado siglo no existía «el concepto contemporáneo de ecologismo», ya había «importantes debates medioambientales». Aludía así a   «sonadas discusiones» entre el paisajista Jean Claude Nicolas Forestier y el arquitecto Aníbal González sobre la pérdida de masa forestal en los Jardines de San Telmo, el lago de la Plaza de España, el gasto de agua o el impacto de la corta de Tablada en el río. Actualmente, según Borrero, en la sociedad pesa una « angustia» por el deterioro del medio ambiente, «unida a un abuso de la ideologización del concepto» de ecologismo . Frente a ello, apostaba por «abordar los debates pendientes con la cooperación necesaria en pro del bien común». «Sevilla merece un debate sosegado y de altura para enfrentarse a retos como el calor, la falta de agua, los fenómenos meteorológicos adversos , la creación, preservación y mantenimiento de las zonas verdes y otros tantos desafíos, para hacer una cuidad mejor mañana», remarcaba. Así, planteaba este debate con participación de lo público y lo privado, el mundo universitario y el periodismo, agradeciendo el apoyo a los patrocinadores institucionales, que son el Ayuntamiento de Sevilla, la Cámara de Comercio y la Junta de Andalucía; y a los socios, que son Azvi, la Fundación Cajasol, Caja Rural del Sur, City Sightseeing, el grupo GS, Concesur, Insur y Konecta; junto con los patrocinadores oficiales, que son Antea, BBVA, Green Cow, Grupo MAS, Heineken, Hidralia y el banco Santander.  Tomaba a continuación la palabra Vanessa Villegas, coordinadora del eje Medioambiental de la iniciativa Sevilla 2029. La responsable de este grupo de trabajo del proyecto del periódico señalaba la «transversalidad» del medio ambiente y explicaba que su equipo trabaja en torno a «las distintas facetas que pueden afectar a todos los problemas urbanos dentro del medio ambiente». Por eso, el grupo de trabajo ha dividido su labor en aspectos como el agua, los residuos, la energía, la movilidad o la limpieza. La idea es que en 2029, la ciudad cuente no sólo con un programa conmemorativo del centenario de la exposición iberoamericana, sino además un proyecto de futuro para «ejecutar en todos los años que tengan que venir» para conseguir una Sevilla mejor. En su campo, este proyecto incluirá así «acciones ambientales», para las administraciones, las empresas y la ciudadanía hispalense. Al respecto, agregaba que un estudio de octubre de 2025 arrojaba que el 76 por ciento de la ciudadanía sondeada reconocía que en Sevilla el cambio climático «es un problema» y que incluso e l 99 por ciento mostraba preocupación por la situación del medio ambiente. « La gente está concienciada» , aseveraba, para precisar inmediatamente después que, no obstante, hay «una brecha« entre la concienciación y la implicación, es decir que esa conciencia se traduzca en acciones reales. Precisamente por eso, Vanessa Villegas llamaba a un trabajo conjunto para «minimizar esa brecha» entre la concienciación y la implicación ciudadana. Su grupo de trabajo, como defendía, va a seguir adelante para que las acciones ambientales que compongan el proyecto Sevilla 2029 «de verdad se puedan ejecutar a partir del día siguiente de su entrega», como hoja de ruta para afrontar los desafíos de la ciudad en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible. La sesión continuó con una conferencia de la periodista especializada en divulgación científica Rosa Martín, con más de 35 años de trayectoria a sus espaldas, con el título «Sintonizar la emergencia: alianzas urgentes para evitar el colapso climático urbano». Y es que según sus palabras, en un marco general de «síntomas de degradación climática», las ciudades grandes son los »agujeros negros ecológicos« del siglo XXI , porque aunque apenas ocupan el tres por ciento de la superficie terrestre, acaparan por contra el 60 o el 80 por ciento del consumo mundial de energía y protagonizan más del 60 por ciento de las emisiones que provocan el efecto invernadero. Las ciudades son, pues, «los principales motores de calentamiento global y, al mismo tiempo, la primera línea de fuego donde la humanidad ya sufre las consecuencias devastadoras» de ese efecto, con un incremento de las temperaturas que empeora las condiciones de vida de la población urbanita. Un aviso muy a tener en cuenta en Sevilla, donde las políticas de mitigación contra el calor llevan años sobrevolando el debate público y político. Por eso, insistía en «hablar de colapso climático », una realidad que según Rosa Martín conduce inevitablemente a reflexionar sobre «el colapso humano» por las consecuencias de las crecientes adversidades climáticas. «Esta emergencia no es una proyección matemática abstracta, guardada en un superordenador», alertaba. Según indicaba, la degradación de la calidad de vida a cuenta del clima «ya está causando víctimas humanas». Al detalle, un reciente estudio invocado por esta periodista especializada indicaba que en España se han contabilizado más de 5.200 víctimas «directamente atribuibles al cambio climático , principalmente en Madrid y Barcelona. En la ciudad de Sevilla fueron 77, un número que a su entender supone »bastante poco en relación con otras ciudades» y que responde a que la capital andaluza está «más adaptada al calor extremo». En su conferencia, Rosa Martín analizaba la gestión de las ciudades y alertaba de que las mismas son actualmente «islas de calor extremo» , donde «el granito absorbe la radiación solar durante el día y la libera lentamente por la noche, impidiendo el descanso» de la ciudadanía. Se trata además de un fenómeno «fuertemente condicionado por el código postal», es decir en función de los barrios. Según Rosa Martín, «los barrios con menores recursos económicos sufren hasta cuatro o cinco grados más de temperatura que las zonas residenciales más acomodadas» de las ciudades. «El calor urbano es una crisis de salud pública y también una injusticia social», resumía la reconocida periodista Rosa Martín. También avisaba de la « eliminación masiva de arbolado tras los discursos de escaparate para ahorrar costes», el denominado « greenwashing »; extremo unido a la «incomprensible obsesión por las plazas duras, que actúan como desiertos de granito, donde los árboles maduros y sanos son vistos como obstáculos», pese a su papel en materia de sombra y renovación del aire. Frente a ello, lamentaba que en muchos casos, «la respuesta política oscila entre la inercia y una agenda de retroceso» en materia de políticas medioambientales. Al hilo, ponía de relieve que «muchos ayuntamientos siguen cuestionando las zonas de bajas emisiones», con una sola en Sevilla en la Cartuja cuando la ciudad sufre temperaturas abrasadoras en verano. También con relación a Sevilla destacaba el proyecto Cartuja Qanat. Igualmente avisaba del «riesgo del negacionismo de la realidad» y de una «sofisticada manipulación alimentada por los algoritmos en las redes sociales», en una estrategia de «desinformación y polarización para diluir los datos científicos en favor de narrativas de consumo rápido» . Frente a ello, apostaba por el periodismo ambiental como «puente con la sociedad». Porque ante «alertas científicas que no se pueden ignorar», las soluciones llegarán de la mano de la ciencia, la ciudadanía y «una agenda política que las ponga en primer plano». Ello le llevaba a lamentar que en plena precampaña electoral para las cita con las urnas el 29 de noviembre, en el debate político «prácticamente no se está planteando el cambio climático». «No es que vayamos despacio en la transición ecológica, es que en algunos casos estamos dando pasos hacia atrás si atendemos al ritmo al que está aumentando el cambio climático», remarcaba Rosa Martín. Para la periodista, actualmente pesa «una brecha o desconexión entre la urgencia del calendario de la tierra» a cuenta del calentamiento global y «los datos de la política tradicional», que no termina de afrontar el problema. En ese marco, Rosa Martín reclamaba «una alianza valiente y transversal que conecte a la legitimidad de la ciencia con la fuerza de la realidad de las calles y de los barrios, de la ciudadanía». Aseguraba así que el futuro pasa por ciudades «más resilientes», diseñadas contando con «la experiencia cotidiana» de la población y una «necesaria renaturalización urbana», porque «la falta de vegetación no es una percepción subjetiva, sino un fallo estructural en la planificación» de las ciudades.