El auge de la alta velocidad en España tras la entrada de nuevos operadores y el final del monopolio de Renfe ha tensionado las costuras del servicio ferroviario. Si el accidente de Adamuz en enero desveló que el mantenimiento insuficiente de la infraestructura podría haber jugado un papel en el siniestro, esta vez con el choque de trenes en Urda (Toledo), de momento el foco se ha puesto sobre el papel del centro de regulación de circulación (CRC) de la estación de Atocha, en Madrid, desde donde se dio la orden al AVE de que siguiera circulando hasta el fatal impacto con el Iryo. Seguir leyendo....