La prohibición de la munición de plomo aprobada por la Comisión Europea abre un periodo de transición de siete años que mantiene en alerta al sector cinegético. Aunque el plazo permitirá a cazadores y fabricantes adaptarse a la nueva normativa, la Federación Andaluza de Caza ( FAC ) advierte de que todavía existen importantes incógnitas sobre las consecuencias técnicas, económicas y medioambientales de sustituir los perdigones de plomo por otros materiales. Eso sí, la principal preocupación es q ue el cambio llegue sin garantías suficientes sobre la disponibilidad de alternativas y su compatibilidad con las armas que se utilizan actualmente. «Es una decisión que se remonta ya a muchos años y, fundamentalmente, porque se entiende que el plomo es nocivo para la salud humana, para la biodiversidad, también para la salud de la fauna silvestre... Y Europa entiende que hay que eliminarlo, porque, según ellos, sobre todo por nuestra actividad, son muchísimas toneladas de plomo las que se arrojan al campo y que eso es nocivo para los animales, especialmente para nuestra salud», aclara en primer lugar José María Mancheño Luna, presidente de la FAC , acerca de los motivos que han llevado a decreta esta prohibición. La medida se enmarca en la normativa europea REACH , destinada a restringir el uso de sustancias peligrosas para la salud y el medio ambiente. Tras meses de negociaciones, los Estados miembros acordaron ampliar el periodo transitorio inicialmente planteado y excluir de la restricción las balas y los proyectiles distintos de los perdigones. Sin embargo, para el sector cinegético, el margen de siete años no resuelve por sí mismo las dudas sobre cómo se desarrollará la sustitución ni quién asumirá sus costes . Con lo cual, resulta lógico reclamar más investigación y una evaluación rigurosa de las consecuencias antes de que llegue la fecha límite. El acuerdo europeo supone un cambio importante para la caza menor , una modalidad con una arraigada tradición social en Andalucía y en otros territorios del Arco Mediterráneo. La restricción se centra en los perdigones de plomo empleados en los cartuchos, mientras que las balas utilizadas en la caza mayor han quedado fuera de su ámbito. La diferencia no es baladí, pues el sector advierte de que las características de la actividad cinegética varían entre países y que una solución válida para unas modalidades no tiene por qué responder a las necesidades de otras. Esto ya hace que reine la incertidumbre y la preocupación en el sector cinegético , no solo andaluz, sino español. «Trazando un símil, por ejemplo, con el mundo del automóvil; te dicen que la gasolina y el gasoil son muy malos, pero tienes como alternativa el uso del coche eléctrico. Sin embargo, en nuestro caso, si ahora quisiéramos decir que estamos convencido de que el plomo es muy malo y vamos a tirar con otra munición… ¿Con qué tiramos? Para la caza menor no existe en España otra munición alternativa a la que está hecha con plomo . En caza mayor, en cambio, puedes encontrar algunas experiencias, pero ese tipo ni siquiera va a estar perjudicada por esta prohibición. O sea, que no hay alternativa viable, desde el punto de vista de la sanidad animal, para que lo que se utilice no sea especialmente duro en todas las especies. Y mucho menos que sea respetuosa con la seguridad y la integridad física de nosotro»», comenta Mancheño. Como ya se ha mencionado, la prohibición en sí se justifica desde la Comisión Europea por la necesidad de reducir la liberación de plomo en el entorno y sus posibles efectos sobre la fauna y la salud. Sin embargo, el presidente de la FAC recuerda que «nosotros siempre hemos defendido que esta era una prohibición más ideológica que científica o técnica . De hecho, el plomo, de manera natural, está todavía mucho más presente en nuestro entorno por nuestro día a día que por el ejercicio de la caza, por ejemplo. Y, evidentemente, nosotros entendemos que detrás de esto está la presión de los grupos ecologistas y que es una prohibición ideológica. No hay nada que lo sustente. Además, hay un rasgo sorprendente. A nivel nacional, sobre todo, el sector ecologista siempre ha dicho que el uso de munición de plomo provocaba una muerte muy grande, con una alta mortandad de las aves necrófagas. Sin embargo, Bruselas solo ha prohibido el uso de munición de plomo en la caza menor y no en la mayor. O sea, que los buitres y las rapaces van a seguir alimentándose de carne que, supuestamente, antes los envenenaba. Por lo tanto, entendemos que es una prohibición ideológica. No tiene mucho sentido y mucho menos cuando no hay ni siquiera una munición alternativa a la del plomo». Y, más allá de esta concepción, las organizaciones cinegéticas consideran que la transición debe apoyarse en estudios que permitan comparar los materiales disponibles, su toxicidad, su comportamiento en el medio natural y su eficacia durante la actividad de caza. También reclaman pruebas sobre la seguridad de los proyectiles alternativos, incluidos sus posibles rebotes, y sobre su capacidad para garantizar una muerte rápida del animal. Así las cosas, lo cierto es que todavía quedan bastantes cuestiones técnicas por resolver. Una de las principales es la compatibilidad de los nuevos cartuchos con las armas que ya tienen los cazadores . La sustitución de un material por otro puede modificar el comportamiento de la munición y no está demostrado que todas las escopetas actuales puedan utilizar indistintamente las alternativas que lleguen al mercado. Esta incertidumbre en particular afecta especialmente a las armas antiguas, muy presentes en una actividad en la que parte de los practicantes conserva equipos heredados o utilizados durante décadas. A esta cuestión se suma la disponibilidad de materiales sustitutivos . Entre las alternativas que se están empleando en algunos países europeos figura el bismuto, aunque los propios productores alertan de que su fabricación podría no ser suficiente para atender la alta demanda que tendría si su uso se generaliza en el conjunto de Europa. Asimismo, cuenta Mancheño que «se habla de materiales como, por ejemplo, el acero, que está más que demostrado que los rebotes y la peligrosidad para el cazador van a ser muy altas, muy superior a la que era con el plomo. O sea, han prohibido el uso de una munición y lo han hecho sin contar con el colectivo, con el sector armero, y sin saber qué se va a utilizar dentro de siete años cuando sea efectiva la prohibición . A día de hoy no existe. El sector armero nacional ya nos decía que la producción de acero a nivel mundial no podría soportar la demanda de munición de caza menor que hay en todo el Arco Mediterráneo». Por lo tanto, el problema no sería únicamente encontrar un material que sustituya al plomo, sino garantizar que se pueda fabricar en cantidades suficientes, comercializar a precios asumibles y utilizar con seguridad en las armas existentes. En este sentido, el coste constituye otro de los principales motivos de preocupación entre los cazadores . Hay que tener en cuenta que el plomo es un material relativamente barato, mientras que la fabricación de munición con otros componentes puede encarecer el precio de los cartuchos. Si ese incremento resulta significativo, los cazadores con menos recursos podrían tener más dificultades para mantener la actividad , de ahí que haya un temor generalizado en el sector hacia el hecho de que ese posible encarecimiento se convierta en una barrera para quienes practican una caza social, vinculada a los pueblos y a una tradición que se transmite entre generaciones. Ahora bien, la preocupación de los cazadores va más allá del precio de los cartuchos o de la necesidad de renovar determinadas armas. Enlazando con lo ya dicho anteriormente del incremento de costes, la FAC advierte de que una transición difícil podría reducir la participación en la caza. «Cuando se analiza la situación, la gente olvida que, si esa otra alternativa no existe, evidentemente no se podrá practicar la caza menor », advierte Mancheño. Esto, a su vez, tendría consecuencias para la gestión de las poblaciones silvestres y para las actividades económicas que dependen de ella. Cabe recalcar que, en Andalucía, la caza menor tiene un peso especial en numerosos municipios y forma parte de la actividad de sociedades locales que mantienen una relación directa con el territorio. Los cazadores participan en tareas de gestión cinegética, conservación de hábitats y seguimiento de especies . También contribuyen al control de poblaciones que pueden ocasionar daños en la agricultura, como ocurre con los conejos, o generar problemas en determinados entornos, como sucede con los jabalíes . En este sentido, el presidente de la FAC insiste en que «uno de los grandes damnificados de esta situación que pudiera producirse no solo es el sector, sino también va a ser la Administración. Ya no habrá gente que controle la peste porcina africana, ni los daños de conejos en la agricultura , ni los daños que hace la tórtola turca en muchísimos cultivos, ni los accidentes de tráfico… O sea, es un problema compartido entre las administraciones públicas y el sector ». Ante este panorama, considera que «en estos siete años, por lo que deben velar los poderes públicos, no solo andaluces sino nacionales, es en buscar primero una transición que sea asumible por el sector ». Por lo tanto, si el encarecimiento de la actividad o las dificultades técnicas provocaran una reducción significativa de la práctica cinegética, el sector teme que parte de esas labores se resientan. «Son muchas las incertidumbres que se abren y que hay que resolver en siete años, que pasan volando», afirma Mancheño. Por todos estos motivos, la FAC está participando con investigadores y científicos en trabajos dirigidos a estudiar las implicaciones de la sustitución del plomo . Sin embargo, desde el organismo se lamenta que estas iniciativas se estén desarrollando sin financiación suficiente y que no cuenten con el respaldo económico necesario de las administraciones públicas. De este modo, buena parte del esfuerzo recae sobre el propio sector cinegético, que considera imprescindible disponer de datos objetivos para anticipar los problemas y proponer soluciones viables . «Esa adaptación es lo que a nosotros nos preocupa; a qué nos tenemos que adaptar y cómo será ese proceso. Así que vienen siete años de muchísima incertidumbre. No va a ser nada fácil», comenta el presidente de la FAC, quien a la vez insiste en que «las administraciones han estado un poco viendo los toros desde las barreras, pero ahora les viene el problema a ellos porque, como desaparezcan los cazadores, a ver quién va a hacer toda esa labor que antes te decía en el campo ». En este sentido, ante una decisión ya adoptada y a expensas de que en el Diario Oficial de la Unión Europea salga publicado el reglamento REACH, Mancheño estima que «la pelota está, en el caso de España, en el Gobierno central y en los gobiernos autonómicos. Hay que buscar la munición y, una vez la encontremos, hay que asegurarse una transición asumible desde el punto de vista económico, social y de seguridad del mundo de la caza. Hay que encontrar una alternativa porque ya no es posible dar marcha atrás. Lamentablemente, Bruselas impone esa prohibición del plomo y, ahora, hay que adaptarse». Así las cosas, la cuestión enfrenta dos necesidades que, para el sector cinegético, no deberían plantearse como incompatibles. Por un lado, reducir los riesgos asociados al plomo y, por otro, garantizar que la caza pueda continuar practicándose con seguridad y con un coste asumible. En este sentido, el plazo de siete años hasta que entre vigor la prohibición no es suficientes si durante ese tiempo no se desarrollan las pruebas necesarias, no se estudia la adaptación de las armas y no se garantiza el suministro de munición alternativa. Lo principal es que la prohibición no se traduzca en una pérdida de cazadores ni en dificultades que comprometan la gestión del medio natural. Lo que se reclama desde el sector cinegético es que las administraciones se impliquen en la búsqueda de alternativas, financien estudios independientes y evalúen las consecuencias económicas y técnicas de la medida. El plazo está fijado, pero las soluciones que deberán hacer posible el cambio siguen siendo todavía una tarea pendiente.