Los rayos de sol que entran por la ventana iluminan a dos mujeres que cosen en la humilde cocina de una casa en el campo. Sorprendidas en sus labores, dirigen su mirada al espectador que irrumpe en sus quehaceres cotidianos mientras una niña, que ha abandonado a su muñeca, juega distraída con un gato sobre el suelo. Nada resulta perturbador en esta amable escena que el artista francés Martin Drölling pintó en 1815 y que puede admirarse en el Museo del Louvre , en París. Sin embargo, en esos cálidos ocres de sus pinceladas se podría ocultar un macabro secreto, que se remonta a los años del Terror de la Revolución Francesa. En ese turbulento de 1793 en que los... Ver Más