La crítica especializada y el público son dos fuerzas que pocas veces coinciden entre sí. Mucho más, cuando en la actualidad las películas populares son algo más que solo obras cinematográficas. También se convierten en eventos pop, capaces de dividir las opiniones y, además, crear bandos en disputa. En especial, cuando las batallas culturales que llenan las redes sociales convierten a cada premisa en una perspectiva sobre temas incómodos. La mayoría, motivo de disputa, polémica y controversia. Una grieta que suele separar al público generalista de las opiniones más académicas sobre obras que cautivan a la prensa especializada. Una diferencia que se debe a una divergencia fundamental en sus prioridades, expectativas y formación. Los críticos profesionales evalúan una película bajo una lente analítica, prestando atención a la estructura técnica, la innovación del guion y la coherencia temática. Algo que a menudo los lleva a celebrar propuestas experimentales, de autor o que desafían los tropos tradicionales. Por el contrario, la gran mayoría de la audiencia general acude al cine buscando entretenimiento, evasión emocional o una conexión directa con los personajes. Esta disparidad hace que los espectadores premien con entusiasmo películas comerciales de fórmula que ofrecen diversión inmediata, mientras que los críticos las califican de predecibles o perezosas. Algo mucho más que notorio en las siguientes películas que exploramos a continuación y que provocaron encendidos debates. Pero en especial, demostraron que la crítica y el público son dos puntos de vista de la cultura popular de enorme importancia. Eso, a pesar de sus diferencias. La bruja (2015)Esta obra maestra del terror folk dirigida por Robert Eggers fue recibida por la crítica con un entusiasmo desbordante. Por lo que alcanzó un notable 91 % de aprobación en Rotten Tomatoes al momento de su estreno. Todo, gracias a su milimétrica reconstrucción histórica, su atmósfera asfixiante y el brillante uso del inglés del siglo diecisiete. Los académicos elogiaron la cinta como una profunda y perturbadora exploración sobre el aislamiento religioso y la represión patriarcal. También, el despertar del extremismo en la Nueva Inglaterra colonial. Sin embargo, el público general que asistió a las salas de cine la detestó profundamente, otorgándole una desastrosa calificación de C- en CinemaScore. La campaña publicitaria de la distribuidora A24 vendió la película como una cinta de terror comercial repleta de sustos fáciles y efectos especiales impactantes. Pero en realidad se trataba de un drama psicológico de ritmo sumamente pausado y contemplativo. Los espectadores, esperando una experiencia similar a las franquicias como Expediente Warren, se encontraron con un ejercicio de tensión intelectual. Uno además, donde el horror reside en los silencios, la paranoia familiar y el subtexto mitológico. Esta desconexión provocó una oleada de frustración en las salas, donde la audiencia tachó a la película de aburrida, pretenciosa y carente de resolución clara. Diamantes en bruto (2019)Los hermanos Josh y Benny Safdie lograron cautivar a la crítica con este electrizante thriller ambientado en el distrito de los diamantes de Nueva York. Además, logrando que los especialistas alabaran unánimemente la dirección de fotografía hiperactiva y el montaje caótico. También, la que muchos consideran la mejor actuación dramática en la carrera del actor Adam Sandler. Los críticos celebraron la cinta como un estudio magistral de la adicción a la adrenalina y la autodestrucción capitalista. Por el contrario, la audiencia reaccionó con un rechazo visceral y absoluto, castigando a la producción con una humillante calificación de C- en CinemaScore. El público tradicional de Adam Sandler acudió en masa esperando encontrar una comedia ligera, absurda o reconfortante similar a sus trabajos previos en Hollywood. Pero en su lugar recibió un ataque de ansiedad cinematográfico implacable, ruidoso y carente de personajes simpáticos con los cuales empatizar. A eso habría que sumar la naturaleza profundamente antipática, egoísta e intratable del protagonista. Y por si eso no fuera suficiente, un final trágico, cínico y abrupto que niega cualquier tipo de catarsis o recompensa emocional tradicional. Algo que dejó a los espectadores con un amargo sabor de boca. Viene de noche (2017)El director Trey Edward Shults entregó un desgarrador drama psicológico postapocalíptico que la crítica especializada aplaudió con fervor. Destacando su soberbio control del encuadre, la opresiva dirección de arte y su cruel disección de la naturaleza humana cuando es corrompida por la paranoia. También, una mirada angustiosa al instinto de supervivencia ante lo desconocido. Los analistas valoraron que la película se alejara de los tropos trillados del cine de monstruos para enfocarse en el terror íntimo del aislamiento familiar. Lamentablemente, el público se sintió estafado casi por las mismas razones. Por lo que arremetió contra la cinta, otorgándole una bajísima calificación de D en CinemaScore. Una vez más, el diseño de la campaña de promoción fue el principal culpable del desastre. Los tráileres oficiales prometían una película de acción y terror sobrenatural con una criatura terrorífica acechando activamente en la oscuridad del bosque.Pero en realidad, la cinta es una obra existencialista y minimalista. Una que, además, nunca revela qué es la enfermedad, qué hay afuera de la casa o qué significa el críptico desenlace. Por lo que la audiencia reaccionó con furia ante la ausencia de respuestas concretas. Un ejemplo de manual de la desconexión entre público y crítica. ¡Madre! (2017)El divisivo y provocador director Darren Aronofsky desató una auténtica tormenta cinematográfica con esta audaz e inclasificable producción surrealista. La cinta no solamente dividió opiniones. Además, fue defendida con pasión por un sector importante de la crítica de vanguardia. La prensa especializada que elogió su audacia técnica, su atmósfera de pesadilla claustrofóbica y su densa red de alegorías bíblicas, ecológicas y artísticas. De hecho, los críticos la consideraron una obra de arte conceptual valiente que desafiaba los límites de la narrativa de Hollywood. Sin embargo, el público general la aborreció con una intensidad pocas veces vista en los últimos años. Lo que la convirtió en una de las escasísimas películas en la historia del cine en recibir la temida y deshonrosa calificación de F en CinemaScore. Protagonizada por estrellas como Jennifer Lawrence y Javier Bardem, la película fue vendida masivamente como un thriller psicológico de invasión de hogar convencional. En lugar de eso, las audiencias se vieron sometidas a una experiencia grotesca, caótica y profundamente perturbadora que escala hacia la violencia extrema. Mucho peor, que rápidamente escala a la antropofagia y la destrucción surrealista sin lógica aparente. Un desastre mayor que todavía desconcierta a buena parte del público, pero que la crítica considera esencial para comprender el cine experimental.Drive (2011)Dirigida por el cineasta danés Nicolas Winding Refn, esta estilizada obra de neón y violencia se coronó en el Festival de Cannes. Además, obtuvo el premio a la Mejor Dirección, y fue aclamada mundialmente por la crítica. Eso, gracias a su espectacular estética de los años ochenta, su hipnótica banda sonora de sintetizadores y la magnética y contenida actuación de Ryan Gosling. Los expertos la ensalzaron como un clásico de culto instantáneo del cine negro moderno que reinventaba el género de los gánsteres con elegancia. Además, de un uso maestro del silencio visual. En contraste absoluto, el público norteamericano se sintió tan profundamente frustrado y decepcionado. Por lo que la cinta recibió una mediocre calificación de C- en CinemaScore, e incluso una mujer en Michigan demandó formalmente a la distribuidora por publicidad engañosa. El aparato de marketing promocionó masivamente a Drive como una película de acción vertiginosa, persecuciones espectaculares de automóviles de alta velocidad. Pero las audiencias que buscaban entretenimiento ligero se toparon con un drama existencial sumamente lento, donde el protagonista apenas pronuncia unas pocas líneas de diálogo. Lo que provocó una reacción colérica que todavía se recuerda en la historia del cine. Seguir leyendo: 5 películas que la crítica amó, pero el público odió