HAARP, la base de Alaska rodeada de teorías conspirativas, vuelve a servir a EE UU: ahora prueba un radar capaz de ver más allá del horizonte

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HAARP vuelve a tener una utilidad militar para Estados Unidos. La famosa instalación de Alaska, que durante décadas ha sido protagonista de todo tipo de teorías conspirativas, ha servido para probar un radar capaz de detectar aviones más allá del horizonte. Lo curioso es que las instalaciones dejaron de pertenecer al ejército estadounidense hace más de diez años.Según recoge The War Zone, las pruebas se realizaron entre el 7 y el 11 de septiembre de 2026, utilizando las antenas de HAARP junto con un receptor desarrollado por MITRE e instalado en Cold Bay, también en Alaska. Los primeros resultados han sido positivos, si bien los investigadores todavía tienen que terminar de analizar los datos recogidos durante los experimentos.De centro militar a universidad, y de vuelta a trabajar para el Pentágono Vista aérea de la base HAARP de AlaskaHAARP seguramente te suene por las teorías conspirativas que lo rodean. Se le ha atribuido prácticamente de todo, desde provocar terremotos hasta controlar el clima, aunque ninguna de esas afirmaciones tiene respaldo científico. La realidad es bastante menos misteriosa: la instalación nació en los años 90 para estudiar la ionosfera, una zona de la atmósfera que influye en la propagación de las ondas de radio.Su construcción fue un proyecto conjunto de la Fuerza Aérea y la Marina estadounidenses, con participación de DARPA. Sin embargo, en 2014 se anunció que las instalaciones iban a cerrarse y desmantelarse, algo que finalmente no ocurrió. En su lugar, HAARP fue transferida a la Universidad de Alaska Fairbanks en 2015, que desde entonces la utiliza para investigación científica.Y aunque haya pasado a manos civiles, sus capacidades siguen siendo las mismas. Estamos hablando de una instalación de unas 13,35 hectáreas en la que hay 180 antenas capaces de transmitir hasta 3,6 megavatios de potencia de radiofrecuencia. Precisamente esa potencia es la que ha permitido realizar el nuevo experimento sin construir una estación transmisora desde cero.Para las pruebas, HAARP se encargó de enviar señales de radio hacia la ionosfera, mientras que un receptor de 16 elementos desarrollado por MITRE recogía las señales que regresaban desde los objetivos. Los investigadores utilizaron vuelos de tres aviones militares: un E-3 Sentry de vigilancia aérea, un HC-130J Combat King II y un KC-135 de reabastecimiento en vuelo.Puede que te estés preguntando qué tiene de especial todo esto. Un radar convencional está limitado por la curvatura de la Tierra, de manera que no puede detectar determinados objetivos situados más allá del horizonte. En cambio, los radares OTH aprovechan la ionosfera para hacer regresar las ondas hacia la superficie terrestre, permitiendo vigilar zonas que quedan fuera de la línea visual.Es algo parecido a utilizar la ionosfera como un espejo, aunque el comportamiento de las ondas de radio es bastante más complejo. Algunos radares militares que funcionan con este principio pueden alcanzar distancias de unos 2.400 kilómetros. En el caso de HAARP, se consiguieron detectar aeronaves más allá del horizonte y relacionar las señales recibidas con las trayectorias reales de los vuelos participantes.El Ártico tiene un problema de vigilancia que preocupa a Estados Unidos y Canadá Vista del conjunto de antenas receptoras desarrollado por MITRE en Cold Bay, Alaska, que se utilizó durante las pruebas de septiembreHay una razón para que el ejército estadounidense esté interesado en recuperar las capacidades de HAARP, y tiene que ver con el Ártico. El retroceso del hielo está facilitando el acceso a nuevas rutas comerciales y recursos naturales, mientras Rusia y China aumentan su actividad en la región. Estados Unidos, por su parte, lleva tiempo ampliando su presencia militar en Alaska, donde la vigilancia aérea sigue teniendo importantes limitaciones.Actualmente, buena parte de esa vigilancia depende del North Warning System, una red de radares desplegada principalmente en el norte de Canadá y utilizada por NORAD, el mando de defensa aeroespacial que comparten ambos países. Sus radares están orientados hacia el norte, pero no permiten cubrir las mismas distancias que un sistema más allá del horizonte, algo que preocupa a los responsables militares.De hecho, durante el AFA Warfare Symposium de 2025, el general canadiense Chris McKenna reconoció que la falta de información sobre la actividad en el Ártico es un problema cotidiano. "Sufro a diario una insuficiencia de inteligencia, vigilancia y reconocimiento en el Ártico. Y estoy luchando por conseguir información", aseguró, defendiendo una red de vigilancia que abarque desde el fondo marino hasta el espacio.Canadá ya está desarrollando su propio radar más allá del horizonte, denominado A-OTHR, utilizando tecnología de la red australiana JORN. Su presupuesto supera los 4.000 millones de dólares, aunque la información disponible no especifica la divisa. Estados Unidos también trabaja en otro sistema de este tipo en Palaos, conocido como TACMOR, cuya construcción acumula retrasos por problemas legales.A todo esto hay que añadir que las relaciones entre Canadá y la administración Trump atraviesan un momento complicado, aunque ambos países siguen necesitando colaborar para vigilar el norte del continente. Los experimentos de HAARP forman parte de tres años de investigaciones conjuntas sobre vigilancia aérea en el Ártico, por lo que la cooperación militar continúa pese a las diferencias políticas.Por otra parte, Estados Unidos también está trabajando en Golden Dome, su programa de defensa aérea y antimisiles. El teniente general Joseph Jarrard advirtió en agosto de que Rusia y China están desarrollando armas capaces de eludir parte de los sistemas de alerta actuales. En ese contexto, los radares de largo alcance podrían complementar la vigilancia existente, aunque no consta que el sistema probado en HAARP vaya a incorporarse al programa.Por ahora, HAARP ha completado unas pruebas experimentales, no su regreso permanente al servicio militar. El ejército estadounidense asegura que se cumplieron o superaron los objetivos previstos, pero todavía no hay una decisión anunciada sobre la instalación de un radar operativo. Tampoco se ha acreditado que el sistema pueda detectar las amenazas hipersónicas que preocupan a NORAD; los resultados publicados corresponden a aviones que participaron en los ensayos.