La ciudad del futuro también tiene alas

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Las ciudades del futuro no se construirán únicamente con edificios más eficientes, viviendas rehabilitadas y calles mejor acondicionadas. También necesitarán árboles, corredores verdes y espacios donde la fauna pueda seguir encontrando refugio. En un momento en el que la regeneración urbana se ha convertido en una prioridad para adaptar los entornos urbanos al cambio climático, SEO/BirdLife reclama que la biodiversidad ocupe un lugar central en esa transformación. Porque renovar una fachada no debería significar expulsar a sus habitantes más antiguos: las aves que llevan generaciones criando entre sus tejados, aleros y cavidades. Con motivo del Día Mundial de las Ciudades, que se celebra hoy 31 de octubre bajo el lema «Regenerando la ciudad: Vivienda adecuada para todos», la organización ecologista recuerda que mejorar la habitabilidad de los barrios debe ir acompañado de la recuperación de la naturaleza. Una transformación que no puede limitarse a sustituir materiales, modernizar infraestructuras o aumentar la eficiencia energética de los edificios. También debe garantizar que las ciudades sigan siendo espacios capaces de albergar vida. La propuesta conecta con uno de los grandes desafíos ambientales de las próximas décadas: conseguir que los entornos urbanos sean más resilientes frente al cambio climático sin perder la biodiversidad que todavía conservan. Naciones Unidas plantea la regeneración urbana como una oportunidad para construir barrios más inclusivos, sostenibles y preparados ante los cambios ambientales. Para SEO/BirdLife, esa transformación debe incorporar necesariamente la conservación de los ecosistemas urbanos. Cuando se habla de naturalizar las ciudades, la primera imagen que suele aparecer es la de grandes parques, avenidas arboladas o jardines. Sin embargo, la infraestructura verde urbana va mucho más allá de los espacios verdes convencionales. Árboles, setos, praderas, pequeños jardines, solares naturalizados y corredores ecológicos forman una red que permite conectar distintos hábitats y ofrecer refugio a numerosas especies. Su importancia tampoco se limita a la conservación de la fauna. La vegetación contribuye a regular las temperaturas, mejorar la calidad del aire, facilitar la infiltración del agua de lluvia y reducir algunos de los efectos asociados a las altas temperaturas. En ciudades cada vez más expuestas a episodios de calor intenso, disponer de espacios naturales puede marcar una diferencia en la calidad de vida de sus habitantes. Pero reverdecer no consiste simplemente en plantar más árboles o incrementar la superficie ajardinada. La calidad ecológica de esos espacios depende también de las especies vegetales utilizadas, de su mantenimiento y de su capacidad para proporcionar alimento y refugio a la fauna. En este sentido, SEO/BirdLife apuesta por una infraestructura verde diversa, que priorice la vegetación autóctona adaptada a las condiciones locales y favorezca la presencia de aves e insectos polinizadores. La conexión entre parques, jardines y espacios naturales del entorno resulta igualmente importante para evitar que estos enclaves funcionen como pequeñas islas verdes aisladas entre carreteras y edificios. Naturalizar parques y jardines, recuperar solares degradados, conservar el arbolado maduro o favorecer la presencia de setos y praderas floridas son algunas de las actuaciones que pueden contribuir a recuperar biodiversidad. Se trata, en definitiva, de dejar de entender la naturaleza como un elemento decorativo para incorporarla como parte esencial del funcionamiento de la ciudad. Sin embargo, buena parte de la naturaleza urbana no se encuentra en los parques, sino en lugares mucho más próximos a la vida cotidiana. Las fachadas, los tejados, los aleros y las pequeñas cavidades de los edificios constituyen hábitats fundamentales para numerosas especies de aves. Vencejos, aviones, golondrinas y gorriones llevan siglos conviviendo con las personas y han encontrado en las construcciones humanas espacios donde alimentarse, descansar y reproducirse. Muchas veces, sus lugares de nidificación pasan completamente desapercibidos para los propietarios y los profesionales encargados de mantener los inmuebles. El problema aparece cuando llegan las obras de rehabilitación. La reparación de fachadas, el aislamiento térmico o la sustitución de cubiertas pueden sellar los huecos que estas especies utilizan para criar. Una intervención necesaria para mejorar la eficiencia energética de un edificio puede terminar provocando la desaparición de refugios que llevan años formando parte de su estructura. Por eso, SEO/BirdLife reclama que la presencia de fauna se tenga en cuenta desde las primeras fases de cualquier proyecto de rehabilitación. Identificar los lugares de nidificación antes de comenzar las obras y establecer medidas para conservarlos resulta fundamental para evitar que la modernización de los edificios se traduzca en una pérdida de biodiversidad. La organización también considera necesario que los programas públicos de rehabilitación incorporen criterios específicos de conservación de la fauna urbana. Una tarea que requiere la implicación de las administraciones, las comunidades de propietarios y los profesionales de la arquitectura y la construcción. Que rehabilitación y conservación puedan avanzar juntas no es solo una declaración de intenciones. En Miengo, Cantabria, una comunidad de propietarios ha demostrado que es posible renovar un edificio sin renunciar a los vecinos que ya lo habitaban. Cuando los residentes decidieron acometer la renovación de la fachada, tuvieron en cuenta la presencia de las aves que utilizaban el inmueble para reproducirse. En 2025 se instalaron nidos artificiales destinados al avión común y, un año después, estos ya estaban siendo utilizados por las aves. La actuación continuó en 2026 con la colocación de nuevos nidales para el vencejo común, otra de las especies más características de los cielos urbanos. De esta manera, el edificio ha incorporado nuevas oportunidades de nidificación sin que su rehabilitación supusiera perder su función como refugio para la fauna. La experiencia demuestra que pequeñas intervenciones pueden tener un efecto significativo cuando se integran desde el principio en los proyectos de renovación. También pone de manifiesto el papel que pueden desempeñar las comunidades de propietarios, cuya colaboración resulta decisiva para encontrar soluciones adaptadas a las características de cada inmueble. SEO/BirdLife lleva más de veinte años trabajando para favorecer la convivencia entre las aves y los edificios. Durante este tiempo, la organización ha impulsado iniciativas junto a administraciones públicas, entidades locales, profesionales y ciudadanía para proteger los lugares de nidificación de especies como los vencejos, las golondrinas, los gorriones o los cernícalos. Su trabajo incluye desde la elaboración de guías técnicas y protocolos de actuación hasta la instalación de cajas nido, la realización de censos y la adaptación de edificios para facilitar la presencia de fauna. Son medidas que pueden aplicarse tanto en construcciones modernas como en inmuebles históricos, donde la conservación del patrimonio arquitectónico debe convivir con la protección de las especies que lo utilizan. Experiencias desarrolladas en lugares como Segovia, Barcelona, Carmona, A Coruña, Lugo o el barrio madrileño de Orcasitas muestran distintas posibilidades para incorporar la biodiversidad a la planificación y rehabilitación urbana. Para facilitar esta tarea, la organización pone a disposición de administraciones, arquitectos y profesionales del sector la publicación Fauna silvestre y edificios: Guía técnica para conservar y fomentar la biodiversidad en obra nueva y edificación. El documento ofrece orientaciones para integrar la conservación de las especies silvestres en los proyectos constructivos. A ello se suma la plataforma avesyedificios.seo.org, donde se recogen soluciones y medidas para favorecer la convivencia con la fauna urbana. El reto de transformar las ciudades no consiste únicamente en hacerlas más modernas, eficientes o resistentes a las altas temperaturas. También implica reconocer que los espacios urbanos forman parte de ecosistemas más amplios y que las decisiones sobre su diseño y mantenimiento tienen consecuencias directas sobre la biodiversidad. La conservación de las aves que anidan en los edificios, la recuperación de los espacios verdes y la creación de corredores naturales no deberían entenderse como actuaciones independientes, sino como piezas de una misma estrategia. Una ciudad con más vegetación autóctona, refugios para la fauna y edificios preparados para convivir con otras especies será también un entorno más saludable para sus habitantes. Al fin y al cabo, regenerar una ciudad no significa empezar de cero ni borrar todo lo que ya existe. También supone conservar aquello que funciona, recuperar lo que se ha perdido y permitir que la naturaleza siga encontrando su sitio entre el asfalto y el hormigón. Porque una ciudad verdaderamente habitable no es aquella en la que solo las personas encuentran un hogar, sino aquella que todavía deja espacio para el resto de la vida.