Flávio Bolsonaro olvidó muy rápido su anunciada decisión de unir a todos los que aborrecen a Luiz Inácio Lula da Silva. Huyó a Estados Unidos y la Administración de Donald Trump no se demoró en acogerlo. En Brasil arreciaron las censuras, burlas y hasta una crítica presidencial. "Quien no tiene nada que ocultar, no teme". El senador aterrizó en Miami y fue recibido por su hermano, el exdiputado y fugitivo de la justicia, Eduardo Bolsonaro. Se le atribuye el papel de coordinador de la operación que sacó al senador del país con ayuda de autoridades norteamericanas y la previsible colaboración del argentino, Javier Milei. La fuga se consumó a menos de dos días de su derrota electoral. El domingo creía que iba a ser presidente y que su padre lo investiría en una doble jornada simbólica: la reivindicación del clan y el retorno al poder de la ultraderecha. Pasó de favorito a potencialmente prófugo en cuestión de horas. El primogénito está bajo investigación en dos causas penales que se tramitan en el Supremo Tribunal Federal (STF), y tan pronto uno de sus jueces más activos, Alexandre de Moraes, ordenó que entregara los pasaportes con la prohibición expresa de abandonar Brasil, Bolsonaro comenzó a hacer las maletas. Según Bela Megale, columnista del diario carioca O Globo, el candidato del Partido Liberal (PL) desoyó las reclamaciones de permanecer en el país como heredero de su padre encarcelado. "En la reunión que tuvo con aliados y abogados, el senador se mostró alterado y con miedo de ser detenido". Pero su escapada no fue fruto de la improvisación: estaba, según O Globo, planificada de antemano.Seguir leyendo....