Mientras en miles de pueblos españoles hay calles enteras de casas cerradas, en Madrid, Barcelona o Málaga muchos jóvenes con empleo no consiguen alquilar ni comprar un piso. Son dos caras de una misma fractura territorial: hipertrofia urbana y anemia rural. La explicación de esta antinomia no se encuentra exclusivamente en el mercado inmobiliario, sino en la geografía de un país donde el 90% de su población se concentra el 3% de la superficie y, simultáneamente, tres cuartas partes del territorio padecen una persistente regresión demográfica. El último censo contabilizó 26,6 millones de viviendas, de las cuales 3,84 millones estaban vacías. Lo verdaderamente revelador es su diseminación territorial: casi la mitad (1,7 millones) se localizaban en entornos rurales, mas no... Ver Más