Contra todo pronóstico, Luiz Inácio Lula da Silva acaba de ser reelegido presidente de Brasil tras perder la primera vuelta. Tres semanas antes, el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro, condenado por golpista, le había superado por un 47,03% frente a un 45,16%. En la segunda vuelta, sin embargo, se dio la vuelta a la tortilla. Lula obtuvo el 51,79% y, por primera vez en la historia democrática del país, ganó quien había quedado segundo en la primera.Entre una votación y otra, el Partido de los Trabajadores (PT), la formación de Lula, cambió su forma de comunicar en internet. En solo tres semanas, movilizó a millones de simpatizantes por WhatsApp, renovó sus vídeos para difundirlos por Instagram y TikTok y se enfrentó a Meta, la empresa del tecnoligarca Mark Zuckerberg, dueña de esas dos aplicaciones y de Facebook. No podemos saber, al menos de momento, cuántos votos movió ese cambio de estrategia. Pero los datos disponibles sí permiten medir, aunque provisionalmente, la magnitud de ese giro.Entre una vuelta y otra, los dos finalistas sumaron 14,1 millones de votos más, procedentes sobre todo de quienes antes habían apoyado a otros candidatos. Tres de cada cuatro de esos votos fueron para Lula. La abstención bajó del 21,08% al 19,22%, lo que supuso unos tres millones de votantes más.Los analistas, en todo caso, coinciden en que las redes no fueron el único factor que explica lo ocurrido. El Gobierno incrementó su principal programa de ayudas a familias con pocos ingresos y anunció medidas para pequeños autónomos. Durante la campaña se aprobó además su proyecto para reducir la semana laboral de seis a cinco días sin pérdida de salario. Son medidas que los partidarios de Bolsonaro pelean todavía por impugnar, convencidos de que su aprobación en plenas elecciones contribuyó a inclinar la balanza utilizando recursos del Estado.El Ejército de Lula es un canal de WhatsApp, una especie de tablón de anuncios al que cualquiera podía suscribirse para recibir mensajes. Lo creó el diputado del PT André Janones y en pocos días reunió a más de 10 millones de personas. Su función era generar actividad en las redes para dar soporte a los perfiles de la campaña y de sus simpatizantes.Cada día el canal repartía misiones concretas, como compartir un vídeo, comentar una publicación o promover una etiqueta. Oliver Stuenkel, profesor de Relaciones Internacionales en la Fundação Getulio Vargas, sostiene que Janones copió con éxito el estilo agresivo de la derecha en el manejo de las redes. A su juicio, la derrota de la primera vuelta sacudió una campaña floja y dividida.La estrategia diseñada por la campaña del candidato de izquierdas respondía en parte a una norma. Las redes sociales enseñan dos tipos de contenido. Uno es el de las cuentas que sigue el usuario. El otro lo elige la plataforma sin que nadie lo pida, como la pestaña “Para ti” de TikTok, el apartado “Explorar” de Instagram o las sugerencias que aparecen al escribir en el buscador. Ese segundo tipo se llama recomendación algorítmica, y es la vía para llegar a gente nueva.En Brasil, sin embargo, el Tribunal Superior Electoral (TSE), la máxima autoridad electoral, prohíbe esa recomendación para los candidatos. Sus perfiles y canales solo pueden encontrarse mediante búsquedas. La cuenta de Lula llegaba a quien ya la seguía o escribía su nombre en el buscador. La plataforma no podía ponerla delante de un indeciso.Pero la prohibición afecta a la cuenta del candidato, no a las de sus simpatizantes. Si un influencer, un diputado o una cuenta de fans de Lady Gaga publicaba un vídeo a favor de Lula, ese contenido sí podía recomendarse y difundirse. Por eso la campaña buscó alcance a través de terceros. Ese era el trabajo del autodenominado Ejército de Lula.El 7 de octubre, Lula empezó a publicar vídeos grabados por él mismo con el móvil, en formato selfi, pensados para TikTok e Instagram. La idea la impulsaron diputados jóvenes del PT. Al día siguiente de la primera vuelta, cuentas de fans de artistas como Billie Eilish, Lady Gaga o Harry Styles ofrecieron sus plataformas para llegar a los votantes jóvenes.La consultora brasileña Bites, especializada en monitorizar fuentes digitales —Instagram, TikTok, Facebook, X, YouTube, Google, webs, blogs, documentos públicos y datos abiertos de gobiernos—, registró el cambio. Entre el 5 y el 17 de octubre, los perfiles oficiales de Lula sumaron 110,7 millones de interacciones, frente a 31,3 millones del candidato ultraconservador. Las interacciones son los “me gusta”, los comentarios y las veces que se comparte una publicación. En la primera vuelta, la relación había sido de 83,8 millones frente a 73,7.Las cifras, sin embargo, tienen límites. Lula publicó cinco veces más que su rival, pero cada publicación de Bolsonaro seguía logrando más reacciones, unas 222.400 frente a 174.500. Una encuesta del 14 de octubre de Quaest, uno de los institutos demoscópicos más relevantes y citados de Brasil, todavía daba ventaja a Flávio Bolsonaro en esa fecha, por un 46% frente a un 44%. Hay que tener en cuenta que las métricas online miden actividad en las redes, no intención de voto.En paralelo, la campaña del candidato del PT denunció que Meta, la matriz de Facebook, estaba perjudicando a Lula. El diario Folha de S.Paulo publicó mensajes internos de la empresa que lo mostraban. Según esas informaciones, el 9 de octubre la cuenta de Lula en Instagram no pudo pagar la promoción de sus publicaciones durante casi 24 horas.En las mismas conversaciones, publicadas por este diario, empleados de Meta reconocían que el perfil de Bolsonaro aparecía en las sugerencias del buscador cuando no debía. El de Lula, en cambio, no salía ni buscando su nombre exacto. Con la norma del TSE, la búsqueda era la única vía para llegar a un candidato. Por eso un fallo en el buscador pesaba más que cualquier otro.Meta atribuyó los problemas a fallos técnicos y medidas antifraude, y negó cualquier interferencia política deliberada, pero el 15 de octubre el TSE le ordenó tratar por igual a los dos candidatos, y lo ocurrido se convirtió en uno de los temas de campaña. La ONG Ekō, con sede en Washington y dedicada a la presión ciudadana y a la rendición de cuentas corporativas, probó una cuenta nueva de Instagram y halló que la mayoría de lo recomendado favorecía a Bolsonaro, aunque el experimento se basaba en un solo perfil. A pesar de que no está probado que fueran intervenciones llevadas a cabo a propósito ni que influyeran en el voto, hay pruebas de errores que perjudicaron la campaña de Lula.La izquierda española ha leído la remontada como un aviso para las generales del 29 de noviembre. Pedro Sánchez escribió que lo ocurrido en Brasil pasará en España, y el PSOE envió a sus voluntarios un correo con una imagen de ambos líderes. De momento, no constan mecanismos como el canal creado como soporte para el Ejército de Lula. Frente Amplio tampoco ha presentado, al menos por ahora, una estrategia digital comparable.Las condiciones son distintas. Lula tuvo tres semanas, un duelo entre dos candidatos y el aviso de una derrota que encendió las luces rojas ante su electorado. En España se vota a una sola vuelta y entre varios partidos. Y aquí la ley electoral española no contiene una restricción como la brasileña sobre la recomendación de candidatos en las plataformas.