Con 'nuggets' y alitas de pollo de un McDonalds de Londres apaciguó Lamine Yamal la frustración de no ganar un Balón de Oro que creía merecer. No es la fiesta que tenía pensada. El crack azulgrana vive con prisas, convencido de la singularidad de su talento, devorando etapas sin frenos, y después de conquistar el Mundial ambicionaba ya la distinción de mejor jugador del planeta que oficializan los 100 miembros del jurado de la revista France Football. Seguir leyendo....