Cada año, con la llegada del Día de Todos los Santos , las floristerías afrontan una de las fechas más señaladas de su calendario. Miles de personas acuden a estos establecimientos para comprar flores con las que recordar a sus seres queridos y rendirles homenaje en los cementerios. Y, como es de esperar, detrás de esta tradición hay también un importante trabajo para los floristas, que deben preparar los encargos, organizar las existencias y adaptarse a una demanda que se concentra en apenas unos días. En el barrio de Su Eminencia, Isaac, de la Floristería Azahar , conoce bien el significado de estas jornadas y cómo se viven desde el mostrador de una floristería, más allá de que con el paso del tiempo y con la economía actual la tendencia esté variando. «Este año hago 16 en la floristería. Llegué en finales de 2010, después de haber pasado la crisis de 2008, y fui un poco atrevido en ese aspecto. Y más en el sector de la flor, que es algo perecedero y que hoy en España, en general, se considera un artículo de lujo. Pero, bueno, me atreví y aquí, gracias a Dios, sigo», expone de primeras este florista. Asimismo, acerca del Día de Todos los Santos, afirma que «es un día muy marcado en el calendario y siempre ha sido algo que se diferencia con respecto a otras épocas». Sin embargo, no duda en hacer un matiz y recalcar que esta festividad « cada vez va un poco más en decadencia, siendo sincero ». Al hilo de lo anterior, Isaac estima que «hay varios factores» que hacen que el sector de la flor y el Día de Todos los Santos estén en decadencia. «Uno de ellos es que, según creo, hoy en día hay mucho tema de incineración y eso es un hándicap también en cuanto a esto». En segundo lugar, señala este florista de Su Eminencia que la propia materia prima, la flor, «se pone desproporcionada en precios. Actualmente los costes son muy, muy, muy poco accesibles ». Y como tercer factor, no duda en afirmar que « se van perdiendo las costumbres ; las tradiciones que nuestros abuelos y nuestros padres nos han inculcado, en general para todo. Vas viendo a gente mayor, de mediana edad, pero ya la gente joven no tiene esa tradición, esa cultura, esa manera de ver estos días».En este sentido, considera que «son días tristes, sí, es cierto, pero bueno. Igual que en el calendario tu cumpleaños es una fecha, tu aniversario es otra, tu santo… Pues esto debería de seguir así porque es una tradición y es algo nuestro». Del mismo modo, el hecho de que la gente opte cada vez más por flores sintéticas es otro punto negativo para las floristerías, ya no solo en un día marcado como el Día de Todos los Santos. «Evidentemente, ese es otro problema que tenemos», afirma Isaac, quien diferencia seguidamente entre dos tipos de clientes en su floristería. «Hay unos que solo escogen la flor artificial, que la mantienen para el año. Hay otro que quiere venir el mismo día, o días antes, y encargar su flor fresca y visitar a su difunto», afirma. Sin embargo, volviendo al auge de las flores sintéticas, insiste en que «ese es otro factor muy acentuado en este tipo de campañas, que los bazares y los almacenes grandes, todo ese tipo de proveedores, tienen flores de muy baja calidad. En una floristería tienes que distinguirte en cuanto al resto . Y compran las familias, se unen varios, a cualquier precio, que ni siquiera yo ni nadie puede competir. Y eso es una realidad». Además, vuelve a recalcar que «cada vez vas notando, principalmente, lo de que culturalmente se está perdiendo la tradición y que hay mucha competencia con precios que no se pueden ni igualar. Es cierto que las calidades se notan, a priori, pero hoy en día, tal y como está la economía, vamos mirando el bolsillo». Precisamente, se refirió a la economía como otro factor que dificulta la compra de flores, no solo en el Día de Todos los Santos, sino en cualquier época del año. «Yo, como florista y viviendo de esto, soy el primero que lo digo. O sea, para gastarme 30 euros en esto, porque al final 30 euros es algo perecedero, por muy fresco que te lo den, yo tengo que tener los 30 euros predispuestos para el pan o para la leche », expresa. En este sentido, desvela que «hay otros países en Latinoamérica, u Holanda, donde se puede perfectamente trabajar este oficio porque los precios son asequibles. La gente allí baja, compra una barra de pan y se lleva sus flores al mismo módico precio. Cuando empecé hace 15 o 16 años sí pasaba eso. Yo tenía un paquetito de flores que costaba 2 euros; la señora pasaba, compraba su pan, sus frutas y se llevaba sus flores por 2 euros. Esto , obligadamente por la economía, se tiene que ir perdiendo y comprarlas puntualmente, no a diario . Me pongo en el pellejo de esas personas porque soy el primero que lo digo. Hay que tener 30 euros para un ramo, pero antes deberás tenerlos para llenar tu nevera».