El 28 de octubre de 1926, el Papa Pío XI consagró a los primeros seis obispos chinos, un hito de inculturación en el gigante asiático, donde la presencia católica en el país se remonta al menos hasta el siglo XIII.El sacerdote diocesano Philip Tchao Huaiji (1880-1927) fue nombrado vicario apostólico de Suanhwafu; el P. Joseph Hou (1881-1962), de la Congregación de la Misión (padres paúles), vicario apostólico de Taichow; el P. Simon Tsu (1868-1960), jesuita, designado con igual encargo en el Vicariato de Haimen; el P. Odorico Tcheng (1873-1928), franciscano observante, como prefecto apostólico de Pu-chi; el P. Melchior Souen (1869-1951), de los padres paúles, prefecto apostólico de Lihsien; y el P. Louis Tchen (1875-1930) franciscano observante, vicario apostólico de Fenyang.Cosieron sus sotanas de seda camino a RomaSegún publicó el sacerdote Luigi Nuovo en la revista Studia Vicentiana, los futuros prelados viajaron durante un mes en barco, cruzando el Mar de China, el Océano Índico, el Canal de Suez y el Mar Mediterráneo, hasta desembarcar en Nápoles (Italia) el 16 de octubre de 1926. De ahí, prosiguieron su camino hasta Roma en tren. Durante el viaje, según detalla OMPress, “cosieron con sus propias manos y la ayuda de sus acompañantes las sotanas moradas que vestirían al llegar a Roma” y que, por supuesto, eran de seda china.En la elección de estos hombres, tuvieron gran peso los informes elaborados por el presbítero belga Frédéric-Vincent Lebbe, religioso de los padres paúles, cuyo lema era “China para los chinos, y los chinos para Cristo”.Antes de retornar a su país, recorrieron algunos países europeos. En la Catedral de Notre Dame de París, visitaron la capilla de San Pablo Tchen, un joven seminarista chino, mártir del siglo XIX, que perteneció a la Obra de la Infancia Misionera.Revolución comunista y persecuciónPocos años después de su nombramiento, se estableció en 1946 la jerarquía eclesiástica china, lo que implica que unos territorios de misión se erigen en nuevas diócesis ordinarias, siendo Mons. Thomas Tian Ken-hsin el primer cardenal nacido en el país. Sólo tres años después, con la revolución comunista y la proclamación de la República Popular China en 1949, las tornas cambiaron drásticamente.El nuncio, Mons. Atonio Riberi, fue expulsado y China rompió las relaciones diplomáticas con la Santa Sede, mientras que Roma las mantuvo con Taiwán. Ante el incremento de la persecución, Pío XII publicó en 1954 la encíclica Ad sinarum gentem (Al pueblo chino), en el que subrayaba “el carácter supranacional de la Iglesia” y se opone a la creación de la asociación dominada por el régimen llamada de forma impropia “Iglesia Patriótica China”, que se oficializó en 1957. Al año siguiente, el gobierno comunista chino realizó las primeras ordenaciones episcopales sin mandato pontificio.Desde la irrupción comunista, se sucedieron las persecuciones y martirios. Algunos prelados pasaron décadas entre rejas o bajo vigilancia, como sucedió con Mons. Ignatius Kung, Obispo de Shanghai, al que San Juan Pablo II nombró cardenal in pectore, esto es, en secreto, en 1979.El cierre y destrucción de templos fue especialmente cruento entre 1966 y 1976 y, a lo largo de los años 80 del siglo XX, se desarrollaron, de forma paralela, la Iglesia Católica fiel a Roma, en la clandestinidad, y la Patriótica China, tutelada por el régimen.El 1 de octubre de 2000, San Juan Pablo II canonizó a 120 mártires chinos y Benedicto XVI estableció en 24 de mayo la Jornada de Oración por la Iglesia en China.Un acuerdo prorrogado desde 2018El 22 de septiembre de 2018, la Santa Sede anunció la firma de un acuerdo provisional sobre el nombramiento de obispos con el régimen comunista, que el Papa Francisco defendió “por el bien de la Comunidad católica en China y por la armonía del conjunto de la sociedad”, durante una audiencia general.El pacto, cuyo texto permanece secreto, fue prorrogado en 2020, 2022 y 2024, la última vez por un periodo de cuatro años, con lo que se prevé que alcance una década de vigencia. Hasta la fecha, han sido ordenados 19 nuevos prelados.Tras la muerte del Papa Francisco y estando la Iglesia en situación de Sede vacante, el régimen chino nombró de forma unilateral dos prelados, uno de ellos para una diócesis que ya tenía un obispo designado por el Vaticano. Los últimos, tras su elección el 8 de mayo de 2025, los autorizó el Papa León XIV.Preguntado por el acuerdo al poco de ser elegido Sucesor de San Pedro, el Pontífice señaló a la periodista Elise Ann Allen, que “a corto plazo”, continuaría con esta política, aunque se mostró abierto a “comprender mejor cómo la Iglesia puede continuar su misión, respetando tanto la cultura como las cuestiones políticas que, obviamente revisten gran importancia, pero también respetando a un grupo significativo de católicos chinos que, durante muchos años, han sufrido algún tipo de opresión o dificultad para vivir su fe libremente, y sin tomar partido”.“Es una situación muy difícil”, reconoció el Pontífice, quien observó que “a largo plazo, no pretendo afirmar qué es lo que haré o no haré”, tal y como se recoge en el libro León XIV: Ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI.De la injerencia francesa a la chinaLa efeméride ha merecido la celebración en Taiwán de un simposio académico internacional organizado en la Universidad Católica Fu Jen de Taipei, la Conferencia Regional de Obispos Chinos de Taiwán y la Fundación Ferdinand Verbiest.El P. Gianni Criveller, misionero del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME) y director editorial de AsiaNews, inauguró este encuentro académico, en el que afirmó que “la situación de 1926 y la actual son bastante diferentes”.En 1926, la cuestión consistía en “superar la resistencia de muchos sectores, incluidos los misioneros extranjeros en China, para permitir que el clero local gobernara sus iglesias”, señaló. Así, añadió, el arzobispo Celso Costantini, primer delegado apostólico de la Santa Sede en China, y Pío XI también “lograron superar la injerencia francesa”.“Me temo que ahora la injerencia proviene de las autoridades chinas: a pesar del contrato de 2018 entre el Vaticano y China, la libertad de la Iglesia católica es bastante limitada en China”, dijo Criveller. “El Papa puede nominar a los obispos, pero difícilmente puede elegirlos. Y el nombramiento por parte del Papa no se reconoce durante la ceremonia de consagración de los obispos”.“No estoy en posición de ofrecer consejos al Papa”, añadió el misionero. “Respeto cualquier decisión del Papa y comprendo que la Santa Sede busque el diálogo y los acuerdos. Mi opinión es que el Contrato no aporta los beneficios que todos esperábamos. La libertad de los católicos en China es menor que antes”.Por su parte, el laico dominico Anthony Clark, profesor de historia China en la Universidad de Whitworth, señaló a EWTN News que “a diferencia de la situación actual en China, las consagraciones de obispos chinos de 1926 tenían por objeto dotar a China de obispos autóctonos, no separar a dichos obispos de la Santa Sede”.En su opinión, “los fieles de China desearían poder volver a 1926, cuando los obispos chinos eran libres de viajar a Roma, reunirse con el Santo Padre y estar más integrados en la Iglesia universal a la que pertenecen”.