O no somos los que éramos o el mundo blandengue y pueril se ha adueñado del presente, una realidad de nenazas vestidas de adultos. En la vieja cultura de la manifestación y la protesta, en las revueltas estudiantiles, tirábamos auténticos pedrolos contra la poli, y ésta cargaba de verdad; nos daba con las porras una somanta de leches de muy señor mío, produciendo fracturas e internamientos de hospital a mansalva, más veraces grietas que sangraban de veras. Nosotros nos quejábamos, claro, pero nada de lloriquear ante las cámaras, y eso que éramos unos críos allá por la década de los ochenta. Nuestros mayores, en las marchas obreras, lanzaban con tirachinas rodamientos y fabricaban cohetes, y los antidisturbios cargaban con la... Ver Más