En torno a la conmemoración cristiana de los fieles difuntos, el 2 de noviembre, y enriquecido en México por distintas tradiciones culturales, el Día de Muertos reúne fe, memoria y encuentros familiares. Sin embargo, también puede verse envuelto en elementos paganos, seculares o comerciales con el riesgo de desdibujar su sentido cristiano.En México, el Día de Muertos se caracteriza por los colores que invaden calles y casas, con papel picado de diversos diseños festivos, así como panes dulces —como el pan de muerto, también llamado hojaldra— y tradicionales calaveritas de azúcar.Las flores de cempasúchil llenan también los hogares, donde decoran especialmente los tradicionales altares u ofrendas de muertos, en los que se colocan fotografías y recuerdos de los seres queridos fallecidos. Panes de muerto, calaverita de azúcar y flores de campasúchil, elementos típicos de la celebración del Día de Muertos. | Crédito: Sergio Hayashi/Shutterstock. En ese ambiente, que tiene mucho de festivo, es importante no perder de vista lo trascendente, según aconsejan dos sacerdotes consultados por EWTN News Español.La importancia de rezar por los muertos“Al recuerdo cariñoso se debe unir la oración por los difuntos”, subrayó el P. Mario Arroyo, doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y profesor de la Universidad Panamericana de Ciudad de México.“Podríamos decir que a los difuntos no les sirven nuestras lágrimas (aunque a nosotros sí nos sirven, como parte del proceso del duelo), en cambio, sí les sirven, y mucho, nuestras oraciones”, aseguró.En ese mismo sentido, el P. David Jasso, vicario episcopal para la Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey y rector del Santuario de San Judas Tadeo, subrayó que “recordar a nuestros difuntos es un acto de amor; orar por ellos es, además, un acto de fe”.“Podemos tener un altar lleno de flores y fotografías, pero también encontrar un momento para rezar juntos, participar en la Eucaristía y encomendar a nuestros difuntos a la misericordia de Dios”, aconsejó. Familias conmemoran el Día de Muertos junto a las tumbas de sus seres queridos, entre velas y flores, en Janitzio, Michoacán (México), el 2 de noviembre de 2019. | Crédito: Guillermo Aparicio Servin/Shutterstock. Evitando el sincretismoEl P. Arroyo alertó que “siempre existe el peligro del sincretismo religioso”, pero descartó que tradiciones como el altar de muertos, el pan de muerto o las calaveritas de azúcar representen “de por sí, una forma de sincretismo”.“Inculturación no es sinónimo de sincretismo; supone asumir los elementos positivos que existían en una cultura precedente, en este caso la prehispánica”, precisó.En ese sentido, expresiones como que los muertos vuelven a visitar a sus seres queridos en el Día de Muertos “me parece que más bien designan el hecho de que los tenemos más presentes y nos sentimos unidos a ellos”.“Toda esta forma de tener presentes a nuestros ancestros fallecidos, según los cánones del cristianismo inculturado en México, representa una forma legítima de vivir la virtud cristiana de la piedad, que nos conduce a tener presentes y a rezar por los difuntos, especialmente nuestros parientes más cercanos, como nuestros padres”, resaltó.“Casos extremos o marginales”, dijo, son aquellos que recurren al “espiritismo y la invocación a los muertos”.No se trata de elegir entre la tradición y la fe“No creo que tengamos que elegir entre nuestras tradiciones mexicanas y nuestra fe. Podemos vivir ambas, siempre que sepamos distinguir su significado”, dijo el P. Jasso. “La tradición no tiene que desaparecer, lo importante es que la costumbre no termine sustituyendo aquello que queremos celebrar”.“Poner una fotografía, preparar la comida que le gustaba a un familiar, visitar el panteón o reunirnos para contar anécdotas son expresiones muy hermosas de nuestra cultura y de nuestro cariño”, añadió.Colocar “elementos religiosos”, como “una imagen de la Virgen de Guadalupe en el altar de muertos”, puede ayudar a centrar la fe y la espiritualidad en esta celebración, señaló el P. Arroyo. Incluso podría incluirse “entre los muertos presentes en el altar al Papa Francisco”, entre otros fallecidos católicos relevantes.Y definitivamente “asistir a la Santa Misa”, aconsejó. “Si es posible, que manden a decir Misas por sus difuntos cercanos”, continuó, y recordó que en los primeros días de noviembre se pueden obtener indulgencias plenarias por los fieles difuntos.3 señales de que se celebra el Día de Muertos “desde una perspectiva cristiana”El P. David Jasso apuntó también a tres “señales de que vivimos estas fechas desde una perspectiva cristiana”.La primera, dijo, es “cuando el recuerdo nos lleva a la gratitud”, pues “no solamente lamentamos que alguien haya muerto; agradecemos que haya vivido y que su existencia haya dejado una huella en nosotros”.La segunda se evidencia “cuando la memoria se convierte en oración” y “no nos quedamos únicamente en las fotografías, las flores o las ofrendas”.Como tercera señala, el P. Jasso apuntó a “cuando recordar a los muertos transforma nuestra relación con los vivos”, pues “sería contradictorio recordar con tanto cariño a quienes ya partieron y descuidar a quienes todavía están a nuestro lado”.“La mejor manera de honrar a nuestros muertos es recordar con gratitud su vida, encomendarlos con esperanza a Dios y aprender a amar mejor a quienes siguen con nosotros”, señaló.