Todo cambió para el sacerdote José Miguel Fernández, párroco de la localidad española de Urda, cuando recibió la llamada del arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Cerro Chaves, informándole de la magnitud del siniestro.La parte delantera de un tren de Renfe que circulaba a 200km/hora se había empotrado contra los últimos vagones de otro tren de la compañía Iryo en el kilómetro 118 de la línea ferroviaria Madrid-Sevilla, dejando una escena dantesca con decenas de muertos y heridos. Sin dudarlo un instante, se acercó al lugar para acompañar a las víctimas atrapadas en los vagones. Según cuenta, llegó sobre las once de la mañana, dos horas después del choque de los trenes, y se sumó al operativo de ayuda improvisado por decenas de voluntarios, muchos de ellos feligreses de la parroquia.”Nuestra mente se eleva a Dios y miras al cielo”Lo primero que encontró fue “una fila enorme de heridos que iban saliendo de los vagones de los trenes”, explicó al corresponsal de EWTN News Español, Nicolás de Cárdenas. Los vecinos del pueblo los atendían como podían, trasladándolos en sus propios vehículos hasta Urda para que recibieran asistencia.“Son momentos en los que, humanamente, te encogen el corazón, pero rápidamente nuestra mente se eleva a Dios y miras al cielo”, aseguró el P. Fernández en declaraciones a EWTN News Español.Entre los heridos, recuerda especialmente a un hombre que se le acercó y le dijo: “Padre, deme un abrazo, que estoy vivo”. Aquel encuentro marcó el tono de toda la jornada. “Me dije pues bueno, pues esta es la manera de que te acercas en el día de hoy a dar un abrazo. Pues a eso me dediqué toda la mañana mientras estuve en la zona cero: a cogernos de la mano y darles un abrazo”.“Confíen en Dios, que Dios es bueno”Después, se trasladó al pabellón municipal de Urda, habilitado como hospital de campaña. Hasta allí llegaban desesperados muchos familiares en busca de noticias sobre sus seres queridos.“No hay consuelo para ellos. Ellos quieren saber rápido qué ha pasado. ¿Dónde está mi familiar? ¿Dónde está mi ser querido? Y entonces lo que traté era de tranquilizarles, de serenarlos y decirles: mire que lo importante es la esperanza, tengan esperanza, confíen en Dios, que Dios es bueno”, narra.“Somos sacerdotes, pero somos humanos”El sacerdote continuó durante horas con la misma misión que había comenzado junto a las vías del tren: acompañar el sufrimiento de quienes lo habían perdido todo en cuestión de segundos.Reconoce también que en “bastantes ocasiones” acabó llorando con ellos. “Somos sacerdotes, por supuesto, pero somos humanos y también nos afecta el dolor y la tristeza de nuestros hermanos”, explica.El cariño del PapaDesde el Vaticano el cariño espiritual del Santo Padre no se ha hecho esperar. León XIV se mostró “vivamente apenado” por el trágico accidente ferroviario. A través de un telegrama firmado como es habitual por el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, aseguró sus oraciones “por el eterno descanso de los difuntos” y transmitió su “sentido pésame a los familiares de los fallecidos”, junto con expresiones de consuelo y su deseo de una pronta recuperación para los heridos.Dirigido al arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Cerro Chaves, en el mensaje el Pontífice también quiso reconocer la labor de quienes participan en las tareas de emergencia, animando a “los miembros de los equipos de rescate a perseverar en los trabajos de socorro y asistencia” desplegados tras el siniestro.Finalmente, el Papa impartió de corazón su bendición apostólica a todos los afectados como “signo de esperanza en el Señor resucitado”.