Las siete maravillas de Ningxia, una «mini China» en el camino a Mongolia

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La región autónoma de Ningxia Hui se encuentra en el interior del noroeste de China y el río Amarillo, el segundo más largo del país con 5.464 km de longitud, lo cruza creando un extraordinario paisaje que combina desiertos, cuencas fluviales, montañas, oasis, praderas y humedales. Es tanta la variedad de este territorio de 66.400 kilómetros cuadrados colindante con Mongolia que para muchos es una «miniChina» paisajística. Por otra parte, también se le considera una cuna de la civilización china con una actividad humana que se remonta a 40.000 años y fue un importante paso en la Ruta de la Seda, donde la dinastía Xixia (1038-1227) dejó un misterioso legado cultural. Ese legado de la antigua dinastía puede admirarse en la principal atracción turística de la región: las Tumbas Reales de Xixia. Conocidas popularmente como «las pirámides chinas», se encuentran a 35 kilómetros de Yinchuan, capital de Ningxia, y constituyen un mausoleo formidable ya que se se conservan 9 tumbas imperiales y 271 tumbas secundarias . Todo el Parque Arqueológico, de 40 kilómetros cuadrados, fue reconocido en 2025 como Patrimonio Mundial de la UNESCO por la conservación de estas pagodas funerarias, construidas con tierra húmeda apisonada, que se colocaba en un molde para compactarla golpeándola capa por capa hasta crear elevadas torres macizas. Este tipo de construcción ha permitido que se hayan mantenido en pie en las montañas Helan durante mil años. La dinastía Xixia, fundada por el pueblo tangut, coexistió con otras dinastías (Song, Liao y Jin) durante casi doscientos años, pero desapareció repentina y misteriosamente bajo la conquista mongola. De ahí que se le considere una «dinastía perdida», pero hoy se puede admirar sobre todo el mausoleo 3, donde se halla la tumba de Li Yuanhao, y el extenso campo con los restos de este gran cementerio real. El escenario impresiona, pero antes de la visita conviene pasar por el museo que muestra la historia del pueblo tangut y exhibe ejemplos del arte budista y objetos excavados en las tumbas para entender mejor su magnitud. Una parte de los restos extraídos de este camposanto puede admirarse también en el Museo de Ningxia, un edificio de tres pisos en el centro de la capital que alberga ocho salas de exposición con más de 50.000 objetos históricos y artefactos regionales. La colección incluye bienes comerciales de la Ruta de la Seda y cerámicas raras decoradas con motivos de Kalavinka de las tumbas Xixia, aves legendarias de la mitología budista representadas en estos objetos antiguos. Su joya principal es el buey de bronce dorado, una espléndida obra de orfebrería que representa un buey arrodillado, icono de la gran economía agraria de la dinastía tangut. También en las Montañas Helan se halla otro testimonio humano datado entre 10.000 y 30.000 años con cerca de 6.000 paneles de arte rupestre que representan escenas de caza, pastoreo, rituales, danzas, rostros humanos, manos, animales y otros temas. Estos petroglifos de Helan Shan, que se hallan en un área de dos kilómetros cuadrados, fueron realizados por las tribus nómadas que vivían en las estepas del norte de China. Contemplándolos y conociendo su antigüedad, se puede pensar en las personas que las realizaron con sus motivos y de alguna manera las piedras comienzan a hablar sobre su historia. El petroglifo más famoso es el grabado del Dios del Sol, situado de mamera visible en una zona elevada de la montaña. Ya en Yinchuan merece la pena asistir a una representación de «Viendo Helan», toda una ciudad de espectáculos inmersivos al estilo «Puy de Fou» sobre la historia de la dinastía Tang. En el complejo se despliegan nueve barrios, seis teatros y treinta y seis escenarios con música, danzas, artesanía, fuegos artificiales, artes escénicas y actuaciones en directo con un mensaje de integración de la nación china. También conviene salir de la ciudad para viajar, por ejemplo, a Shapotou en el borde suroriental del desierto de Tengger para asombrarse con un paisaje de arenas desérticas y montañas , en torno al río Amarillo, el considerado «río madre» de China. Esas dunas se han convertido en un lugar popular para que los visitantes puedan disfrutar de atracciones mecánicas que sobrevuelan el cielo a gran altura o para que participen en caravanas de camellos por un desierto que amenazaba históricamente campos de cultivo y poblaciones. Incluso ahora se puede ver un exclusivo hotel, el Desert Star, que permite disfrutar por la noche de las estrellas pues son más de 300 las noches despejadas al año, o montar en vehículos todo-terreno y buggies que desafían las empinadas curvas de las formaciones de arena. Además la zona cuenta con un interesante museo de historia, otro de pintura en un edificio laberíntico y un campo de esculturas en el desierto que atrae a jóvenes 'instagramers' para captar imágenes muy atractivas en un entorno sin vegetación. Otro paisaje natural atractivo de Ningxia es el Lago Shahu , un área de 80 kilómetros cuadrados a 42 km de Yinchuan donde el desierto dorado se encuentra junto a las aguas cristalinas de este lago, un fenómeno que cautiva a los fotógrafos para retratar el color azul del agua en Jiangnan con el color dorado del desierto. También destacan las marismas de juncos y navegando por ellas en barco puedes asistir al vuelo de decenas de aves acuáticas, principalmente gansos salvajes, sobre tus cabezas. Los animales vuelan en perfecta formación flanqueando a los turistas que casi pueden tocarlos con sus manos. En las islas del lago miles de aves migratorias anidan y se reproducen y se pueden avistar especies más exclusivas como la cigüeña negra o el águila marina de cola blanca. Por último, conviene saber que Ningxia es conocida mundialmente como « la capital del vino de China », pues en las estribaciones orientales de la cordillera Helan se extiende la mayor zona de cultivo de vid del país y de hecho sus productores han ganado más de 1.800 premios en concursos internacionales. La bodega Zhihui Yuanshi es la más famosa por su arquitectura y por su ubicación, una antigua cantera de arena y grava al pie de las montañas Helan.