Hay sitios que llaman la atención nada más poner un pie en ellos, y muchos están bastante más cerca de lo que creemos. A menos de dos horas en coche saliendo desde Sevilla, justo al pasar la frontera con la provincia de Badajoz, se encuentra uno de esos lugares que sorprende enormemente a quien entra por primera vez: la Ermita de la Virgen del Ara . Muchos la conocen como la Capilla Sixtina extremeña, un apodo que se ha ganado a base de arte, historia y una arquitectura muy especial. En 2018 la declararon Bien de Interés Cultural (BIC) y cada año la visitan miles de personas, convertida ya en una parada obligatoria para cualquiera que viaje por esta zona de Extremadura. Llegar hasta aquí ya forma parte de la experiencia. La ermita está levantada en mitad del campo, rodeada de olivos y justo a los pies de Sierra Morena. Se encuentra a solo siete kilómetros del pueblo de Fuente del Arco y a apenas tres kilómetros de la frontera con Andalucía. Y es que al estar ubicada en mitad de la naturaleza, se respira un aire muy especial. Quien va a verla suele aprovechar el día para acercarse también a la Mina La Jayona , un paraje natural que está a menos de seis kilómetros de allí. Lo que hace que esta ermita no se parezca a ninguna otra en España se ve en cuanto cruzas la puerta. Es el único templo del país que tiene todas sus paredes y techos pintados por completo, sin dejar un solo hueco libre. En total hay 26 escenas pintadas que van contando pasajes del Génesis, el primer libro de la Biblia. La forma en la que están distribuidas por toda la nave recuerda mucho a la famosa capilla del Vaticano, y de ahí viene el apodo con el que todo el mundo la conoce. Según se cuenta, estas pinturas salieron del taller que el conocido pintor Francisco de Zurbarán tenía en Llerena, un pueblo vecino. Casi todas las imágenes que se ven hoy corresponden al siglo XVIII . El techo y el altar mayor se terminaron hacia el año 1736, mientras que la parte del camarín se pintó algo más tarde, en 1803. Aun así, si se mira con detalle, todavía se conservan restos de pinturas más antiguas en algunas zonas. La historia del sitio donde se levanta la ermita se remonta varios siglos atrás. Muy cerca de allí estuvo la antigua ciudad romana de Regina Turdulorum , y en los alrededores han aparecido bastantes restos arqueológicos. Todo esto indica que en este mismo terreno ya había algún lugar dedicado al culto religioso hace miles de años, mucho antes de que se construyera el templo cristiano. Las primeras referencias que se tienen de la ermita aparecen en el siglo XIV , cuando el rey Alfonso XI la nombró en uno de sus libros. Se sabe que la obra de la ermita inicial comenzó por esas fechas y se terminó sobre el año 1494, aunque por aquel entonces era un edificio bastante más pequeño. A lo largo del siglo XV, la Orden de Santiago se estableció en la zona y le hizo bastantes reformas para hacerla más grande. En esa época el recinto contaba además con otras construcciones alrededor como la casa donde vivía el santero, un alojamiento para los peregrinos que pasaban por allí y hasta una pequeña bodega. Por fuera, la ermita parece bastante modesta, pero una vez cruzas la entrada principal, destaca una bonita serie de arcos de estilo mudéjar . Justo en la puerta hay un arco de herradura donde todavía se pueden ver fragmentos de antiguas columnas de la época romana. En la parte trasera se levanta la espadaña con las campanas, repartida en dos pisos y rematada con formas curvas en la parte superior. Como ocurre con casi todos los monumentos antiguos, la historia real de la ermita se mezcla con las leyendas que la gente del pueblo ha ido contando de padres a hijos durante siglos. Dice la tradición que por estas tierras vivían la princesa Erminda y su padre , el rey moro Jayón, que era ciego. Un día, mientras la joven jugaba cerca de una fuente, vio a la Virgen María aparecida sobre una encina. La imagen se le volvió a aparecer varias veces, hasta que la princesa le pidió que le devolviera la vista a su padre. La Virgen le prometió que lo haría si los dos se convertían al cristianismo. Padre e hija se convirtieron y el rey recuperó la vista. En agradecimiento, mandaron construir una capilla muy cerca de allí, donde hoy hay colocada una cruz de hierro. Sin embargo, ocurría algo extraño, ya que todo lo que los obreros levantaban durante el día se venía abajo por la noche. Asustado, el rey intentó marcharse del lugar, pero al llegar a la ribera del río no pudo cruzar por la fuerza del agua. En ese momento la Virgen se le volvió a aparecer para explicarle que la capilla se caía porque no la estaban haciendo en el sitio correcto , que era justo donde estaba la encina de la aparición. Así fue como levantaron la ermita en el punto exacto donde sigue en pie a día de hoy. Si te apetece ir a verla, la ermita se puede visitar durante todo el año. Las visitas las gestiona la propia Hermandad de la Virgen del Ara, y todo lo que sacan con las entradas lo usan para mantener el edificio en buen estado. Además, los propios vecinos de Fuente del Arco le tienen un cariño enorme a su ermita. Cada 7 de septiembre se celebran las fiestas del pueblo con una romería por la noche en los campos que rodean el templo. A la mañana siguiente, realizan una procesión con la imagen de la virgen hasta la iglesia del pueblo, manteniendo una tradición que tiene ya muchos años.