El Gobierno de centroderecha de Portugal, liderado por Luís Montenegro, aprobó este miércoles los Presupuestos Generales del Estado para 2027 en su primera votación parlamentaria, gracias a la abstención del Partido Socialista (PS), que permitió superar el rechazo de Chega, la formación de derecha radical que ocupa actualmente el segundo puesto en número de escaños. Los socialistas optaron por una «abstención estratégica», en palabras de su líder, José Luís Carneiro, quien aseguró que su partido no quiere ser responsable de conducir al país hacia un «precipicio político» ni provocar una crisis institucional que se sume a las dificultades sociales y económicas que atraviesa Portugal. «El Gobierno podría encontrar una excusa para decir que no era capaz de resolver los problemas por culpa de la oposición; no le haremos ese favor al Gobierno ni haremos daño al país», argumentó. Sin embargo, los socialistas fueron muy críticos con algunas de las propuestas del Ejecutivo y advirtieron de que podrían cambiar su posición en la votación definitiva del próximo 24 de noviembre si aparecen «medidas sorpresa» durante la negociación parlamentaria que ahora prosigue. El documento aprobado pasará a una fase de discusión y presentación de enmiendas, en la que los partidos podrán negociar modificaciones a las medidas presupuestarias. Los Presupuestos contemplan un crecimiento económico del 2,1 % para 2027 y una reducción de la deuda pública hasta el 84,5 % del PIB. Entre sus principales medidas figura el aumento del salario mínimo hasta los 970 euros mensuales, así como la actualización de los tramos del impuesto sobre la renta y una nueva rebaja del impuesto de sociedades. Montenegro aseguró durante el debate que los Presupuestos no aumentan ningún impuesto y permitirán continuar incrementando los salarios y las pensiones. Por su parte, el líder de Chega, André Ventura, justificó su voto contrario porque considera que el Ejecutivo «no es capaz de reconocer el momento de dificultad» que atraviesa el país ni presenta medidas suficientes para ayudar a los portugueses. Ventura acusó al Gobierno de mantener una «obsesión por cobrar impuestos». En materia de vivienda, una de las principales preocupaciones de los portugueses, las cuentas para 2027 incorporan el impacto de las medidas fiscales aprobadas anteriormente por el Gobierno, entre ellas el aumento hasta los 1.000 euros anuales de la deducción por alquiler para los inquilinos y la reducción del 25 % al 10 % de la tributación de los propietarios que alquilen viviendas por un máximo de 2.300 euros mensuales, una cantidad que el Ejecutivo considera un precio «moderado». También contempla incentivos fiscales a la construcción de vivienda y mantiene las ventajas para los jóvenes que compren su primera casa. Durante el debate, Ventura preguntó a Montenegro dónde había estado durante los últimos días, criticando su silencio ante las protestas por la crisis de la vivienda y los enfrentamientos entre manifestantes y policías. «Trabajando», respondió el primer ministro, quien aprovechó para lanzar un reproche a su adversario: «Hay quienes consideran que su trabajo consiste en estar siempre delante de las cámaras y otros que tenemos la responsabilidad de coordinar la acción del Gobierno y ejecutar políticas públicas que resuelvan los problemas de las personas». Por su parte, el socialista Carneiro reclamó a Montenegro que retire su controvertida reforma de la legislación sobre alquileres, al considerar que dificulta el acceso de los jóvenes y las familias a una vivienda y aumenta la inseguridad de los inquilinos de mayor edad. «El primer paso tendría que ser abandonar la ley y después trabajar con el Partido Socialista para encontrar una solución que dé seguridad a los propietarios, pero también a los inquilinos», defendió. El debate presupuestario estuvo marcado, además, por las protestas que el martes reunieron a miles de personas frente a la Asamblea de la República, en Lisboa. Los manifestantes, que reclamaban soluciones urgentes a la crisis de la vivienda exigieron la dimisión del primer ministro y expresaron su rechazo a las políticas del Gobierno. La movilización, durante la que los participantes agitaron llaves como símbolo del derecho a una vivienda, estuvo acompañada de llamamientos a una huelga general ibérica . Las protestas llegan después de varios días de tensión entre manifestantes y fuerzas policiales en Lisboa y Oporto, donde las autoridades intervinieron en varias ocasiones para desalojar acampadas organizadas en defensa del acceso a la vivienda.