Avi Loeb, astrofísico de Harvard, sobre un encuentro extraterrestre: «Preferiría una vida corta en la que conozca a nuestros vecinos cósmicos»

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¿Qué precio tendría resolver una pregunta sobre nuestro lugar en el universo? Avi Loeb llevó esa cuestión a un extremo personal en una publicación de cumpleaños del 26 de febrero de 2026. El astrofísico contó que le habían preguntado si aceptaría un encuentro con extraterrestres aun sabiendo que podría morir poco después. Su respuesta expresaba una preferencia vital ante una situación imaginaria.«Preferiría una vida corta en la que conozca a nuestros vecinos cósmicos», escribió Loeb en Birthday Greetings on Earth and Beyond, publicado en su cuenta de Medium. La frase continúa contraponiendo esa experiencia a una vida larga y aburrida pendiente de la política terrestre. El encuentro es una hipótesis, no un acontecimiento que el autor diga haber vivido ni una evidencia de que exista una civilización cerca de la Tierra.Loeb atribuyó la pregunta a una entrevista con Natasha Zouves, de NewsNation, celebrada el día anterior. Aquí la declaración procede de su relato escrito de aquella conversación; no se presenta como una transcripción comprobada de la emisión. El texto permite conocer cómo quiso explicar su propia respuesta, con la cautela de que narra una entrevista que entonces aún estaba pendiente de difundirse.La curiosidad personal y la evidencia científicaEn esa misma publicación, el investigador sostuvo que considera probable la existencia de extraterrestres, pero reconoció que la respuesta sobre si nos han visitado es desconocida. Su convicción no resuelve la observación. La distinción importa porque buscar vida en otro lugar, encontrar una señal y demostrar que una tecnología ha llegado hasta aquí son cuestiones diferentes. También cambia cómo se plantea la comunicación de un hallazgo ante el público.La ficha de Harvard identifica a Loeb como director del Institute for Theory and Computation y responsable del Galileo Project desde 2021. Esos cargos sitúan su actividad profesional, pero una afiliación no certifica una hipótesis. El prestigio de una universidad tampoco transforma una preferencia personal en una conclusión del departamento. La exploración de escenarios como el pasado de Marte exige pruebas propias, independientemente de quién defienda que merece la pena investigarlos.Buscar objetos exige datos que puedan contrastarseUn documento docente de Harvard sobre oportunidades de investigación describe el Galileo Project como una búsqueda sistemática de objetos tecnológicos, complementaria a la búsqueda de señales electromagnéticas de fuentes lejanas. Incluye instrumentación, seguimiento y clasificación de objetos. El objetivo declarado es producir datos, una tarea distinta de anunciar su origen de antemano. Esa diferencia resulta esencial cuando se incorporan herramientas como la inteligencia artificial, cuyos patrones también requieren comprobaciones independientes.La NASA afirma en sus preguntas frecuentes sobre fenómenos anómalos no identificados que no ha encontrado pruebas creíbles de vida extraterrestre ni evidencias de que esos fenómenos tengan un origen alienígena. También señala que la escasez de observaciones de calidad impide cerrar muchas interpretaciones. No identificar algo no identifica su origen. La prudencia es igualmente necesaria con los posibles rastros biológicos de otros mundos: cada afirmación tiene que ajustarse a lo que permiten los datos.La frase de Loeb habla, por tanto, de cuánto valor atribuye al conocimiento frente a la duración de una vida hipotética. No ofrece una evaluación del riesgo real de un contacto ni una razón científica para aceptar que ya se haya producido. Su interés está en esa elección personal extrema y en la pregunta que deja abierta: qué estaríamos dispuestos a arriesgar por saber si compartimos el universo con otra inteligencia.