Más cortometrajes, más espectáculo: el paso adelante del Festival Jóvenes Realizadores de Granada

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Desde su refundación hace poco más de un lustro, el Festival de Jóvenes Realizadores de Granada ha dado pequeños pasos para recolocarse en el competitivo mundo festivalero. En su trigésimo segunda edición, parecen haber dado con la fórmula magistral para destacar: excelente sección de cortometrajes y óperas primas para los paladares más cinéfilos y eventos músicocinematográficos para el público más dicharachero.Entre los primeros, al ser este el primer año en el que el certamen califica para los Goya, el número de cortometrajes recibidos ha aumentado en cantidad y calidad, convirtiéndose en una antesala de las nominaciones que están a punto de producirse. De los premios destaca el Mejor Cortometraje Español obtenido por Rocío Quillahuaman y su Oralia, por emocionante y por reiterativo, pues supone su segundo trofeo consecutivo en el certamen. El año pasado fue premiada por Puriykachay, en un registro, el de la animación, en el que estamos acostumbrados a verla pues le dio fama y visibilidad. Aquello iba de sus reflexiones caminando por Roma. En esta ocasión, Oralia es el emotivo retrato del día a día de su madre, trabajadora doméstica. A eso se le suma otro galardón de influencia barcelonesa, como es el Premio de la Juventud para Instrucciones para cocinar un pollo bajo tierra, de los actores-directores Olivia Delcán y Nacho Sánchez, en su reunión tras la serie Doctor Portuondo. Han pasado años de aquello, pero su relación (en la ficción) sigue siendo de una comunicación problemática. Más locuaz se nos muestra el protagonista de Pedro Tomás explica el mundo, que narra con lirismo y subjetividad la singular cosmovisión de un isleño, habitante de La Palma. La firma el lituano, avalado por Werner Herzog, Kornelijus Stučkus, y obtuvo la Mención Especial del Jurado. Un corto que ya llama a las puertas del Goya, como también lo hace Casi septiembre, de Lucía G. Romero, que aquí se llevó dos premios: Mejor interpretación para Ana Barja y Premio AAMMA a la Perspectiva de Género. Los premios a los formatos breves se completaron con el Premio Hammam Al-Ándalus del Público a los vampiros porteños de La hora de irse, de Renzo Cozza.Por último, el Premio Val del Omar a la Mejor Película de una joven realizadora fue para Daria's Night Flowers, de la iraní Maryam Tafakory, una hermosa historia de amor sáfico y prohibido filmada con un cromatismo tan surrealista como alucinante.Pero Granada no sería Granada sin su escena. En su condición de epicentro de la música indie, ninguna ciudad mejor que la que descansa a los pies de La Alhambra para encabezar esos eventos únicos, cada vez más frecuentes, que son las proyecciones musicadas. En el Teatro Isabel La Católica, Zabala reescribió la partitura de Bernard Herrmann para el Taxi Driver de Martin Scorsese (1976) y, como plato fuerte, la motrileña Anika Kunst, habitual de la sala berlinesa Berghain, realizó por vez primera (y quien sabe si única) una sesión especial de acompañamiento para El acorazado Potemkin, de Sergei Eisenstein (1925). Un filme que se presta como pocos a ser musicado por su montaje constructivista. Por ahí uno ha tenido ya la ocasión de ver las versiones de Pet Shop Boys con la Orquesta Sinfónica de Dresde, y la más minimalista de las hermanas islandesas Múm, que interpretaron años ha en el Festival Internacional de Cine de Gijón. De las tres, ninguna puso tanto a bailar a la tripulación del Potenkim… ni a la platea del teatro.Más información en la web del Festival Jóvenes Realizadores de Granada.