Tras el shock inicial provocado por el accidente ferroviario, en el que han muerto al menos 69 personas, entre los habitantes de la pequeña localidad toledana de Urda comenzaron a aflorar las lágrimas y el cansancio. Este pequeño pueblo de apenas 2.500 habitantes difícilmente olvidará la imagen de los vagones convertidos en un amasijo de hierros retorcidos por la violencia del choque.La iglesia parroquial de San Juan Bautista acogerá este sábado la primera Misa funeral en sufragio de las víctimas del siniestro.TweetLa ceremonia de Urda estará presidida por el Arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Cerro Chaves, acompañado por el Obispo auxiliar, Mons. Francisco César García Magán.Antes de la Eucaristía, la imagen del Santísimo Cristo de la Vera Cruz será trasladada desde su basílica hasta la parroquia de San Juan Bautista para presidir el funeral. La talla, corazón espiritual de una localidad golpeada por la tragedia, fue realizada en Toledo por el imaginero Luis de Villoldo a finales del siglo XVI. De tamaño natural, representa a Cristo cargando con la cruz camino del Calvario y refleja el sufrimiento humano asumido por el Redentor durante su Pasión.La Misa la concelebrará también el párroco de Los Yébenes, una de las localidades más cercanas al lugar del siniestro, Fernando Fernández de Bobadilla. Tras recibir la llamada de un vecino que le alertó de la gravedad del accidente, este sacerdote fue una de las primeras personas en llegar a la zona cero y uno de los últimos en abandonarla.Lo que encontró fue una escena devastadora: personas desorientadas caminando entre los restos del tren, heridos graves con amputaciones y cadáveres dispersos por el terreno.Durante varias horas ayudó a los heridos, acompañó a quienes se debatían entre la vida y la muerte y administró la absolución general en medio de la tragedia, convencido de que su misión como sacerdote es, en sus propias palabras, “llevar gente al cielo”, tal y como relató al corresponsal de EWTN News Español, Nicolás de Cárdenas. El P. Fernando Fernández de Bobadilla, párroco de Los Yébenes, impartió la absolución general a los muertos y heridos en el accidente de tren ocurrido en Urda (Toledo) en 28 de octubre de 2026. | Crédito: Nicolás de Cárdenas / EWTN News Español. “La cosa era verdaderamente dantesca”, explicó. “Me acerqué al sitio con la idea de que soy sacerdote, que lo que quería era ejercer mi ministerio sacerdotal que, en definitiva, muy sintéticamente es llevar a la gente al cielo. O sea, administrar la gracia de la salvación”.Según contó, le bastaron unos segundos para hacer presente a Dios y su misericordia en medio de la tragedia a través de la oración.En cuanto se conoció la tragedia, en Urda no hizo falta esperar instrucciones para comenzar a ayudar. Los pabellones del colegio fueron habilitados para acoger a los heridos y atender a quienes llegaban desde la zona del accidente.Los vecinos se movilizaron de inmediato y numerosos negocios se transformaron en puntos improvisados de abastecimiento. Entre ellos estaba Antonio García Condado, farmacéutico de la localidad de 78 años, que también fue uno de los primeros en contemplar decenas de cadáveres atrapados entre los restos metálicos y en socorrer a heridos que ni siquiera tenían fuerzas para pedir ayuda. Antonio García Condado de 78 años, el farmacéutico del pueblo, fue uno de los primeros en ver decenas de cadáveres bajo los amasijos de hierro. Crédito: Nicolás Cárdenas Lo que más le impresionó fue el silencio que envolvía la escena. “Allí no había gritos, quizás porque no tuvieran fuerzas ni para hablar. Algunos movían la mano entre medio de los cadáveres”, explicó a EWTN News.Mientras continuaban las labores de rescate y aún resultaba difícil asimilar la magnitud de la tragedia, el párroco de la Basílica del Santísimo Cristo de Urda, el P. José Miguel Fernández, presidió una Misa en sufragio por las víctimas del accidente ferroviario.Con la voz entrecortada y conteniendo las lágrimas durante parte de la homilía, el sacerdote reflexionó sobre la necesidad de mantener a Dios en el centro de la vida, especialmente en los momentos de mayor sufrimiento.Dirigiéndose a los fieles, recordó que los cristianos están llamados a ser portadores de esperanza. El párroco de Urda, José Miguel Fernández, una de las localidades próximas al lugar de la tragedia durante la Misa. Crédito: Nicolas Cárdenas/ EWTN News. “Nosotros que tenemos fe, nosotros que sabemos que la vida no termina cuando pasamos de este mundo al otro, sino que continúa, tenemos que dar ese aliento de esperanza”, afirmó.Como ejemplo de esa esperanza en mitad de la tragedia, relató el caso de uno de los heridos graves que inicialmente fue dado prácticamente por muerto. Antes de ser evacuado, logró hablar con su esposa gracias a la ayuda de Antonio, el farmacéutico que participó en las tareas de auxilio. Durante aquella conversación, el herido le pidió que cuidara de sus hijos y le recordó que “Dios es bueno”.La historia, sin embargo, tuvo un desenlace inesperado. “Esta mañana Antonio ha vuelto a recibir una llamada de este señor para decirle: ‘Estoy vivo, estoy vivo’”, contó emocionado el sacerdote.“Eso es la esperanza”, concluyó el párroco en una homilía marcada por el dolor de una comunidad golpeada por la tragedia, pero también por la convicción de que la fe y la solidaridad pueden abrirse paso incluso en las circunstancias más oscuras.En una entrevista con EWTN News Español, antes de esta celebración el sacerdote evocó también su llegada al lugar del accidente, donde vio “una fila enorme de heridos que iban saliendo de los vagones de los trenes”.“Son momentos en los que, humanamente, se te encoge el corazón, pero rápidamente nuestra mente se eleva a Dios y miras al cielo”, añadió con un nudo en la garganta.En medio del caos, un hombre se le acercó para decirle: “Padre, deme un abrazo, que estoy vivo”. Aquel encuentro le confirmó cuál era su misión en ese momento: “Cogernos de la mano y darles un abrazo”.A la entrada del templo, el libro de visitas se ha convertido en un reflejo del dolor y de la fe de quienes han querido dejar constancia de su paso por la basílica. Entre los mensajes pueden leerse peticiones de consuelo y fortaleza para las víctimas y sus familias: “Pedimos a Cristo que nos proteja y ayude a todos”; “Santísimo Cristo de la Vera Cruz, ayuda a los familiares de los fallecidos hoy trágicamente en el accidente de tren”; o “Te pido que des fuerzas a todas las familias de los fallecidos (...) ayúdalos y que soporten esta desgracia de la mejor manera posible. No les falles”.