Hablar de oficios ligados al trabajo en construcción o reforma lleva a pensar en sacos de cemento, ladrillo, pladur, tubos, escaleras, alturas, suciedad, huecos angostos y posturas que comprometen la salud articular. Nada de eso es mentira, si bien tampoco resulta tan terrible como antaño se trataba de dibujar con el único afán de que los más jóvenes de la casa optaran por estudiar si no querían verse abocados a un futuro de máxima exigencia física ante la falta de preparación para empleos de oficina.En especial, el ámbito de la fontanería ha tenido que luchar contra ese sambenito que ha asociado sus quehaceres con fosas sépticas, fugas de aguas sucias e imposibles de parar, e intervenciones en zonas a las que no todo el mundo está dispuesto a entrar. Tal vez en el pasado fuera así, pero hoy en día la realidad es diferente y así lo apunta Santi Villafruela, fontanero con más de dos décadas de trayectoria a sus espaldas y rodillas.Poceros y empresas de desatranque se encargan de la parte menos amable de cuanto se asocia con la gestión del agua de una vivienda, mientras que los fontaneros han derivado sus funciones a otras áreas en las que además la sustitución por sistemas automáticos o equipamiento electrónico resulta complicado hasta de plantear. Al aclarar el primero de los puntos, Villafruela ha querido romper con una imagen ampliamente extendida pero que no responde a la realidad actual de su oficio: «Si entras en obra nueva, la parte de los desatascos ni la tocas», señalaba.Adiós al mito de la suciedad y los desatascos Una perspectiva en la que el fontanero madrileño profundizó durante su visita al pódcast Sector Oficios en junio de 2025. Durante la misma, trató de despejar el prejuicio cultural contra el que también deben luchar los operarios de oficios. Hablando de su gremio en particular, el de los fontaneros, quiso desmentir aquello de que tienen que lidiar con entornos de trabajo en los que aguas estancadas o fecales pueden generar aprehensión hasta al profesional más cualificado. Es cierto que antaño se pensaba en ellos como quienes se dedicaban a desatascos y tareas ligadas a suciedad y malos olores, algo que no se corresponde con su quehacer habitual: «Lo asocian una parte a eso, pero no es la realidad. Para nada, para nada... si entran en obra nueva es que esa parte ni la tocas», destacaba este profesional madrileño.Una curva de aprendizaje más rápida y técnicaAsimismo, Villafruela abogó por llevar a cabo el desarrollo de los jóvenes en este tipo de profesiones de una manera más cercana al terreno, precisamente para alejar esas falsas creencias. Sin desmerecer la parte teórica, pero basándose en su propia experiencia, señaló que «ahora la fontanería yo creo que si cojo a un chaval en un año así ya sabe poner el tubo, y antes no». La razón de ello se encuentra en los materiales y el equipamiento técnico, que han simplificado parte de los procesos y, con ello, han reducido la curva de aprendizaje que necesita quien accede de nuevas a este tipo de profesiones.La elevada demanda de técnicos, que apunta a ser incluso mayor en los próximos años, lleva a este fontanero autónomo a invitar a los jóvenes a interesarse por su parcela profesional: «Te tienes que poner un poco de rodillas sí, que te vas a manchar las manos también, pero es divertido y sobre todo que te satisface a ti mismo».Razones para tratar de equilibrar una balanza en la que las advertencias del pasado sobre la dureza de la obra han provocado un distanciamiento de la juventud hacia ámbitos como la fontanería. De no revertirse dicha situación, y con la demanda al alza, el problema apunta a ser acuciante en los próximos años y a encarecer unos servicios que se aventuran imprescindibles, pues hay trabajos que la tecnología puede facilitar, pero no hacer por sí misma.