La magnitud del accidente de trenes en Urda (Toledo) , que deja por el momento 69 muertos, ha requerido, según ha podido saber ABC, que médicos forenses de otras tres provincias limítrofes se desplacen al Instituto de Medicina Legal (IML) de Toledo para apoyar en las tareas de levantamiento de cadáveres y de identificación de los fallecidos. Hay alrededor de 25 profesionales implicados en las labores para poder identificar a las personas que murieron tras el choque de los convoyes, un trabajo que, en este tipo de sucesos, cobra especial complejidad. «En un accidente de tanta violencia se complica mucho», explica Clara Ortega Benito, presidenta de la Asociación Nacional de Médicos Forenses (ANMF), que destaca sin embargo que los profesionales tienen mucha experiencia en este tipo de sucesos y, como han hecho anteriormente, cumplirán con su función. En la dana de Valencia, cuenta, el volumen de fallecidos era más alto, «de los mayores que ha habido», pero a la mayoría de las víctimas se les pudo identificar mediante la huella, lo que acelera el proceso. Pero en este caso el estado de algunos de los cuerpos no es el mejor. «En estos accidentes se producen muchas lesiones físicas, con amputaciones de miembros. Y cuando hacemos el levantamiento del cadáver y de los restos, estos últimos también tienen que ser identificados», afirma por su parte Alfonso Colorado, director del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (IML) de Valencia. Como consecuencia del 11-M, detallan estos profesionales, se creó en España un protocolo de actuación para los médicos forenses y policía científica en este tipo de los denominados sucesos con víctimas múltiples. Contempla tres escenarios: el levantamiento de los cadáveres, su identificación y la atención a las familias . Como ocurre en cualquier muerte violenta lo primero que hacen los profesionales es acudir al lugar donde ha ocurrido el suceso para llevar a cabo el levantamiento de las víctimas mortales. En casos como el de este accidente, dice Colorado, el orden es fundamental para establecer en qué lugar se ha localizado cada cuerpo o cada parte del mismo. «No es lo mismo que fueran en el Iryo que en el AVE porque cada uno tiene su lista cerrada de pasajeros, por lo que es importante hacerlo de manera muy ordenada para que esa información sirva para su identificación», asegura. En ese momento se toman también huellas para la identificación. Después se trasladan los cadáveres a la sala de autopsias para establecer las causas y circunstancias de los fallecimientos. Entre otras cosas, se llevan a cabo las huellas necrodactilares o estudios radiográficos para dar con patologías derivadas del accidente o fracturas antiguas que puedan ayudar a la identificación de las víctimas. También en ese momento se examina la ropa y objetos que llevaba consigo por si ayudan a esa labor y se extraen muestras para poder hacer análisis de ADN en caso de que sean necesarios. Así como un estudio odontológico. «La boca es como un DNI en la que vamos a encontrar características únicas e irrepetibles. Si la familia aporta una ficha odontológica con la que podamos contrastar podemos identificar a la persona», prosigue el director del IML de Valencia. Los profesionales también se fijan en otros aspectos que pueden ayudar a acreditar la identidad de la víctima, como tatuajes que pudiera tener, si llevaba marcapasos o prótesis en alguna parte del cuerpo, etc. Precisamente en el tercer escenario, el de atención a las familias, se les va a pedir cualquier tipo de información que pueda ayudar a identificar a las personas, así como cepillos de pelo o dientes que puedan ayudar a contrastar el ADN o, ante su ausencia, muestras de ADN de los mismos familiares. Toda esa información, afirma Colorado, «se irá a la punta de la pirámide del proceso, que se condensa en el centro de interacción de datos, donde se va a contrastar toda la información para ver cuándo coincide sin ningún género de duda». Pero el proceso de identificación, especialmente en estas circunstancias, se puede alargar más de lo deseado. «Va a depender mucho de perfil de las víctimas», cuenta Colorado, con aspectos como la nacionalidad (en extranjeros no se puede comprobar la huella en la base de datos) o si el cadáver está bien conservado o no. Y a ello se suma la presión del tiempo a la que deben trabajar los forenses, que alargan sus jornadas y refuerzan sus equipos. «Si se tarda más o menos es porque es necesario. No se bajan los brazos ni se trabaja a medio gas, sino que se trabaja muchísimo para que los familiares puedan cerrar el duelo», asegura. «Tenemos presión, pero para nosotros es más importante estar seguros y esperar antes de entregar un cuerpo del que no estemos completamente seguros», concluye por su parte Ortega.