Hace cinco años, en 2021, la furosemida, medicamento indicado para la insuficiencia cardiaca e hipertensión arterial, se vendía a 1,44 euros, precio ya por debajo del umbral mínimo de 1,60 euros que marca la legislación y que, como demuestran estos casos, se incumple de forma recurrente. Este fármaco se comercializaba entonces en 19 presentaciones, es decir, había muchas opciones por si alguna fallaba en momentos puntuales. Desde entonces, el precio ha ido bajando hasta situarse este mes en los 0,36 euros, una reducción del 75 por ciento. Y también han disminuido las presentaciones que se venden, que a principios de este año eran ya once. Esta erosión de precios, avisa la Asociación Española de Medicamentos Genéricos (Aeseg) no deja de suceder y es una «señal de alarma» que puede anticipar la falta de suministro en el futuro, pues denuncia la patronal que llega un punto en el que no resulta viable para las compañías seguir fabricándolo. No es el único caso: la Aeseg ha analizado lo que ha ocurrido con varios de los medicamentos que este mes de octubre han sufrido bajadas voluntarias de precios. Esto es que un laboratorio en cuestión, que en buena parte de las ocasiones no fabrica ni en España ni en Europa, decide reducir el precio al que vende determinado medicamento y el resto de compañías, por tanto, se ven obligadas a seguir los mismos pasos si quieren dar salidas a los suyos. Hasta que deja de ser rentable. Ha ocurrido lo mismo con la metformina, tratamiento esencial para la diabetes tipo 2, cuya presentación de 60 comprimidos cuesta actualmente 0,99 euros. Solo en dos años, entre 2024 y 2026, las presentaciones que se comercializan han bajado de 15 a 10 mientras que las que se han anulado (es decir, que dejan de comercializarse de forma irreversible), han aumentado un 87,9% en ese período. «No estamos diciendo que mañana vaya a faltar ninguno de estos medicamentos, pero existen señales de vulnerabilidad y la política debe actuar y ser responsable antes de que ocurra el desabastecimiento», reclama Elena Casaus Lara, secretaria general de Aeseg. El riesgo de la falta de stock de determinados medicamentos en las farmacias, insiste, no empieza cuando llega un paciente y no consigue el fármaco que necesita, sino cuando disminuyen las alternativas que se comercializan. Y ese riesgo al que hace referencia se ve también en otros medicamentos como la hidroxicloroquina, utilizado en enfermedades autoinmunes como lupus y artitris reumatoide, que ha bajado tres veces consecutivas en lo que va de año, pasando de los 7,79 euros que costaba a principios de 2026 a los 2,97 euros de este mes de octubre, es decir, una reducción del 61,9%. Y ahora mismo solo hay 5 compañías que lo comercializan, por lo que la patronal de los genéricos teme que, tras esta reducción, pasen a ser aún menos. También se ha observado cómo las comercializaciones del corticoide deflazacort han pasado de las 14 que había en 2022 a las 6 de este año, a la vez que el precio del fármaco ha bajado de los 6,08 euros que costaba en 2021 al 1,71 euros de ahora. «No tenemos que llegar a ver estos datos. Vemos que cuando se producen estas bajadas, dos años después las compañías se van del mercado. No tenemos que esperar a quedarnos con un solo medicamento esencial», solicita por su parte María Álvarez, directora técnica de Aeseg. «El verdadero problema es lo que puede ocurrir cuando llevamos los precios de medicamentos esenciales a estos niveles, pues se reduce el número de proveedores, se concentra el suministro y el sistema es más vulnerable si falta alguno de ellos», lamenta Casaus. No se opone la patronal de los genéricos a acabar con la competencia ni con la bajada de precios, pero sí reclama que esta permita un mercado sostenible en el que no se ponga en riesgo la producción de los medicamentos. «Cuando una reducción es extraordinariamente intensa y afecta a un medicamento esencial hay que hacerse algunas preguntas: ¿Tiene ese proveedor la capacidad para asumir toda la demanda? ¿Qué ocurrirá con el resto de proveedores si el nuevo precio deja de ser sostenible para ellos», lanza su secretaria general, que insiste en su mensaje: «Competencia sostenible y prevención del riesgo». Los riesgos que conlleva esta situación, advierte la Aeseg, se vieron ya durante la pandemia del Covid-19, pues al cerrar las fronteras de los países para evitar contagios se dieron situaciones de desabastecimiento en determinados medicamentos debido a la dependencia de terceros países y se tuvo que transformar la producción para, de forma extraordinaria, asegurar esa demanda. Pero no es necesario llegar al extremo de una crisis sanitaria o una guerra para vernos ante esta tesitura, aseguran las representantes de la patronal: si hay pocos proveedores, cualquier problema del laboratorio que pueda tener como consecuencia una disminución de su producción puede derivar en una falta de stock. Además, el sobrecoste de tener que importar fármacos de otros países puede suponer 25 veces más. Este es un problema del que la industria lleva advirtiendo años. En principio se iba a abordar en varias legislaciones, como en la reforma de la Ley del Medicamento, que con el adelanto electoral ha quedado paralizada. La patronal de los genéricos pide, entre otras cosas, que se aumente a 2 euros ese umbral mínimo de precios que actualmente se sitúa en 1,60 y que, insisten, lleva años incumpliéndose. Pero no es suficiente. «No basta con elevar el umbral mínimo. Tenemos que revisar los mecanismos que siguen empujando los precios hacia abajo cuando los medicamentos ya cuestan céntimos. Necesitamos un modelo que siga generando ahorro, pero que preserve varios proveedores y la viabilidad de los medicamentos esenciales», remarca Casaus. Y piden mirar a Europa, que avanza hacia una política de protección de los medicamentos críticos y reforzar la fabricación en la región para reducir la dependencia de terceros países y tener así una industria más fuerte.