Hortaleza dejó que Madrid creciera sin cambiar el paso. Todavía quedan personas que recuerdan lo lejos que estaba la ciudad y el viaje en autobús para comprar en el centro. Lo mejor, como en todo, volver. No necesitaba ni más vecinos, ni edificios, ni ajetreos, porque su ritmo era el que quisieron. Poco a poco la ciudad fue poniéndose a su lado y se miraba la sombra de lo que crecía entre el desencanto y la pasividad. «Sigue que yo aquí me quedo», pensó este pueblo que se hizo barrio. Madrid lo dejó dentro de ella sin preguntar, pero no consiguió borrar ni una sola de sus grietas. Durante siglos, Hortaleza lavaba los trapos sucios de la Villa. Los hombres... Ver Más