Tus ojos delatan cuando hablas por dentro: un estudio japonés con 80 estudiantes descubre que las pupilas cambian distinto al hablar en silencio

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Hay conversaciones que nunca llegan a pronunciarse. Las mantenemos mentalmente al preparar una respuesta, repasar una lista de la compra o contar números sin mover los labios. Aunque desde fuera parezca que no ocurre nada, los ojos pueden dar una pista: las pupilas reaccionan de forma diferente cuando hablamos en voz alta y cuando lo hacemos únicamente en nuestra cabeza.Eso es precisamente lo que han observado investigadores de las universidades japonesas de Tsukuba y Ritsumeikan en un trabajo publicado en iScience. El experimento reunió a 80 universitarios, repartidos en tres pruebas, y examinó cómo cambiaba el tamaño de sus pupilas mientras contaban números. Las diferencias aparecieron incluso en las tareas más sencillas.Contar en silencio no provoca siempre la misma reacciónLos voluntarios realizaron ejercicios de dificultad creciente. Primero contaron del uno en adelante; después tuvieron que sumar nombres a las cifras, como “un gato, dos gatos”. En la última prueba avanzaron de dos en dos, de tres en tres o de cuatro en cuatro. En las tres pruebas participaron 23, 27 y 30 estudiantes, respectivamente.Cada participante debía hacerlo unas veces en voz alta y otras mentalmente, mientras un dispositivo registraba sus pupilas. También hubo periodos en los que tenían que permanecer en reposo para poder comparar las respuestas.Hablar en voz alta dilató las pupilas en los tres ejercicios. En cambio, al contar en silencio, el resultado dependió del esfuerzo: durante la tarea más sencilla se contrajeron, en la segunda apenas cambiaron y en la tercera se dilataron. Incluso entonces, el aumento fue menor que al pronunciar los números.Esto refuerza la idea de que los ojos no solo reaccionan a la iluminación. Otras investigaciones ya habían relacionado la dilatación de las pupilas con la sorpresa y el aprendizaje.¿Por qué pensar palabras no equivale a pronunciarlas?Hablar exige mucho más que elegir qué decir. Hay que coordinar la respiración, mover los músculos de la boca y escuchar lo que acabamos de pronunciar. Todo ello podría explicar por qué el organismo muestra una respuesta más intensa cuando utilizamos nuestra voz.El resultado encaja con el creciente interés por las pistas sobre la actividad cerebral que puede aportar nuestra forma de hablar, aunque se trata de investigaciones diferentes.Los autores creen que medir las pupilas podría ayudar a estudiar el desarrollo del habla interior en niños pequeños, que no siempre saben explicar qué están pensando. Eso sí, no significa que un aparato pueda leer pensamiento mirando los ojos, pues el experimento solo detectó cambios asociados a tareas concretas.Por ahora, los datos proceden de jóvenes que hacían ejercicios de contar en condiciones controladas. Falta averiguar si estas diferencias se mantienen cuando mantenemos una conversación interior más espontánea, como al tomar una decisión o ensayar mentalmente algo que queremos decir.