La expectación, como cada año, era máxima antes del comienzo de la temporada de la NBA 2026-27, listo el amplio abanico de contendientes para arrebatarle el trono de campeón a los New York Knicks . Sin embargo, solo ha hecho falta una semana y media de calendario para que tanto competición como aficionados traguen saliva con fuerza, tengan sudores fríos y recen a sus respectivos dioses, pues la mejor liga de baloncesto del mundo ha sido golpeada por una salvaje ola de lesiones, especialmente cruda con varios de sus jugadores más ilustres, que amenaza con dejarla pendiendo de un hilo. Un arduo panorama que comenzó el pasado día 28 con la escalofriante percance del alero de los Oklahoma City Thunder Jalen Williams (tobillo izquierdo dislocado y fractura del peroné), pero que se ha extendido con virulencia entre la burguesía del campeonato estadounidense. Además de Williams, también ha caído su compañero Cason Wallace (desgarro en el hombro); el base de los Indiana Pacers Tyrese Haliburton (distensión en el isquiotibial); el jugador franquicia de los Orlando Magic Paolo Banchero (esguince de tobillo de grado tres) y su escudero Jalen Suggs (hematoma óseo); el alero de los Toronto Raptors y dos veces campeón Kawhi Leonard (inflamación de la rodilla izquierda); la estrella interior de los Utah Jazz Jaren Jackson (rotura del ligamento colateral de la rodilla); el pívot de los Detroit Pistons Jalen Duren (distensión en el isquiotibial); el alero de los Sacramento Kings Ben Simmons (rotura del tendón de Aquiles); y Anthony Edwards, uno de los mejores anotadores del planeta, de los Minnesota Timberwolves (intervención artroscópica por problemas en la rodilla). La lista, cruda y aún más amplia si se suman los casos de jugadores como Jusuf Nurkic (rotura de la placa plantar) o Brandon Ingram (desgarro parcial del tendón de Aquiles), ha puesto en estado de alerta a la NBA, que siempre ha convivido con normalidad ante el potencial lesivo de un deporte como el baloncesto, pero que ahora no encuentra explicaciones ante tanto contratiempo. Sin ir más lejos, el pasado miércoles, un total de 69 de los 450 jugadores que componen la liga (15,3%) no pudieron participar en los partidos de sus conjuntos. «Es parte del juego. Obviamente, deseamos que todos pudieran disputar cada partido, pero las lesiones son parte del juego. Por eso tienes a todo un equipo«, aseguró R. J. Barrett, de los Raptors. Un mensaje tranquilizador que choca con las estadísticas que ha acumulado la liga en los últimos años. Según un estudio publicado por el analista estadounidense Jeff Stotts, el porcentaje de partidos perdidos por problemas musculares, óseos o articulares casi se ha duplicado en la NBA en las últimas dos décadas, pasando del 10.8% en la temporada 2005/06 al 21.2% de la 2025/26. Y son muchas las teorías que intentan dar sentido a estas cifras, como las expuestas por el doctor en ortopedia Nirav Pandya, de la Universidad de California de San Francisco, en la prestigiosa revista 'Sports Illustrated'. En ella, el especialista asegura que el aumento de la explosividad y la rapidez del baloncesto son factores clave. De hecho, arroja una estadística reveladora: en la 2013-14, los San Antonio Spurs corrieron en toda la campaña 2344 kilómetros, los que más de las 30 franquicias que componen la NBA. Mientras, en la actual, los Milwaukee Bucks van camino de superar los 2467 si siguen la progresión de sus cuatro primeros partidos. Una diferencia que puede parecer pequeña pero que, en una competición en la que como mínimo se disputan 82 partidos, muchos de ellos en dos días consecutivos, y donde los desplazamientos son una auténtica salvajada (los Lakers jugarán el lunes en Toronto y el martes en Miami, a 2.399 kilómetros de distancia), las consecuencias pueden ser nefastas en cuanto a la manifestación de lesiones se refiere. Y lo que es peor, esto podría acelerar la aparición de 'tanking', un fenómeno en el que los equipos que pierden a jugadores por lesiones graves comienzan a dejarse llevar, a no poner demasiada oposición a sus rivales para acumular derrotas y, así, tener mayores probabilidades de obtener un puesto alto en el siguiente 'draft' para hacerse con una de las estrellas de la próxima generación. Una palabra que el comisionado Adam Silver no quiere ver ni en pintura (ya en el pasado mayo cambió las reglas para que más debacles no supusieran tanto beneficio en el 'draft') pero que siempre sobrevuela a la NBA, más si se tiene en cuenta la montaña de percances físicos que sufren los equipos en la actualidad, y que amenaza con convertir la competición en un producto insulso en muchas de las noches. Por ejemplo, Oklahoma , que era un claro candidato a ser campeón, perdió en un mismo día a dos de sus cinco titulares, Williams y Wallace. Lo más épico sería intentar reponerse, traspasar para tapar agujeros e intentar recuperar el título que ya conquistó en 2025. Pero, ante su mal fario, sería entendible que guardasen fuerzas y se reforzaran para la 2027-28. Siempre habrá lesiones en la NBA, pero también es cierto que sus dirigentes deberían tomar medidas para evitar la erosión de la gran gallina de los huevos de oro.