El Mediterráneo lleva siglos siendo observado, navegado y estudiado, pero sus aguas todavía conservan secretos que escapan a la mirada de la ciencia. A veces, esos descubrimientos no tienen el tamaño ni la apariencia de los grandes animales marinos, sino que apenas alcanzan unos milímetros y pasan inadvertidos entre las rocas, la arena y las praderas submarinas. Es el caso de Copula lucentia , una pequeña cubomedusa identificada en el litoral de El Campello (Alicante) que acaba de demostrar que incluso en uno de los mares más estudiados del planeta queda biodiversidad por conocer. La nueva especie, descrita científicamente en 2024 por investigadores del Laboratorio Marino de la Universidad de Alicante en Dénia, perteneciente al Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio «Ramón Margalef», representa la segunda cubomedusa documentada en el Mediterráneo. Hasta ahora, la única especie registrada en este grupo era Carybdea marsupialis , descrita por Linneo en 1758, de modo que la identificación de Copula lucentia amplía el conocimiento sobre unos organismos cuya presencia puede resultar difícil de detectar debido a su reducido tamaño. Su historia comenzó durante una campaña de muestreo en la que los investigadores encontraron unos ejemplares que no encajaban con lo que esperaban observar. «Al principio nos extrañó porque era muy pequeña para la época del año y tenía algunas características morfológicas que no nos cuadraban», recuerda Eva Fonfría, investigadora de la Universidad de Alicante y primera autora del estudio. Aquellas diferencias llevaron al equipo a examinar los animales con mayor detalle y a compararlos con otras especies conocidas, hasta confirmar que pertenecían al género Copula, aunque presentaban rasgos suficientes para considerarlos una especie distinta. Los ejemplares que permitieron describirla fueron recolectados entre 2016 y 2018, y su identificación se apoyó en la combinación de estudios morfológicos y análisis genéticos, realizados con la colaboración de especialistas internacionales. Los resultados se publicaron en la revista científica Marine Biodiversity, donde quedó recogida la descripción de una medusa cuyo nombre científico también guarda una referencia geográfica: lucentia alude a Lucentum, la denominación latina de Alicante, el territorio donde se ha documentado hasta ahora su presencia. Con un tamaño que oscila entre uno y siete milímetros, Copula lucentia pertenece al grupo de los cubozoos, conocidos también como cubomedusas por la forma cúbica de su campana. Su cuerpo es prácticamente transparente, cuenta con cuatro tentáculos y presenta pequeñas estructuras adhesivas en la parte superior que le permiten fijarse a distintas superficies. Los ejemplares estudiados aparecieron a menos de un metro y medio de profundidad, en zonas donde conviven fondos rocosos y arenosos con praderas de fanerógamas marinas. Para confirmar que no se trataba de una especie ya conocida, los científicos compararon sus estructuras anatómicas con las de Copula sivickisi, una medusa identificada en otras regiones del mundo. Las diferencias observadas en la campana, junto con los resultados genéticos, permitieron establecer que los animales encontrados en El Campello constituían una especie nueva. «Encontrar una nueva especie en el Mediterráneo, donde ya está todo tan estudiado, es muy importante», destaca Fonfría, que insiste en la necesidad de continuar investigando para conocer mejor su distribución y la función que desempeña en los ecosistemas marinos. El descubrimiento también pone de manifiesto la importancia de prestar atención a organismos que, por su tamaño, pueden quedar fuera de los estudios más habituales. En el mar, no todo lo relevante para el funcionamiento de los ecosistemas resulta visible a simple vista, y conocer qué especies están presentes constituye un primer paso para comprender las relaciones que mantienen entre ellas y con su entorno. Pese a que su descripción científica supone un avance, todavía quedan numerosas incógnitas sobre la biología de Copula lucentia . Su ciclo reproductivo, su papel en la cadena trófica y su capacidad urticante necesitan nuevas investigaciones. Para César Bordehore, profesor del Departamento de Ecología de la Universidad de Alicante y coordinador del Laboratorio Marino de la UA en Dénia, el hallazgo constituye «un hito» para la investigación marina, pero también una oportunidad para profundizar en el conocimiento de los organismos gelatinosos y de su relación con el resto de la vida marina. Bordehore recuerda que estos animales, entre los que se encuentran medusas, salpas y tintínidos, pueden tener una influencia significativa en el ecosistema, aunque su tamaño haga que con frecuencia pasen desapercibidos. Algunos de estos pequeños organismos se alimentan de huevos y larvas de peces, por lo que sus interacciones pueden repercutir en procesos relacionados con la producción pesquera. Comprender mejor su presencia y su función resulta, por tanto, importante para estudiar el funcionamiento de las redes tróficas marinas. Con ese objetivo trabaja también el proyecto europeo Sea4Future, coordinado por el equipo de Bordehore y en el que participan otros 22 socios de 12 países. La iniciativa busca abordar soluciones que permitan recuperar la producción pesquera en el Mediterráneo y, al mismo tiempo, proteger especies vulnerables como tortugas, delfines y ballenas. Se trata de un trabajo interdisciplinar en el que la investigación sobre organismos gelatinosos forma parte de una mirada más amplia sobre la conservación y la recuperación de los ecosistemas marinos. Ocho años después de las últimas recolecciones, la colaboración entre la Universidad de Alicante y el Oceanogràfic de Valencia ha permitido regresar al litoral de El Campello y recoger más de 200 ejemplares para continuar los estudios. La campaña supone una nueva oportunidad para conocer mejor la especie y avanzar en cuestiones que todavía no han podido resolverse, especialmente las relacionadas con su desarrollo y reproducción. Parte de los animales se mantiene actualmente en el Medusa Lab del Oceanogràfic, donde los investigadores trabajan para favorecer su crecimiento y estudiar la posibilidad de completar su ciclo reproductivo en condiciones controladas. Los ejemplares recogidos se encuentran todavía en una fase inmadura, por lo que uno de los principales retos consiste en conseguir que alcancen la madurez sexual y puedan reproducirse. «Para nosotros es un reto porque es la primera vez que esta especie se mantiene en un acuario», explica Miguel Candelas, biólogo y responsable de Medusas del Oceanogràfic. La experiencia permitirá conocer mejor las necesidades biológicas de Copula lucentia y comprobar si es posible mantenerla y reproducirla fuera de su entorno natural, algo que hasta ahora no se había conseguido. La colaboración entre ambas instituciones reúne así los conocimientos de la Universidad de Alicante en ecología marina, taxonomía y genética con la experiencia del Oceanogràfic en el mantenimiento de organismos gelatinosos. Además, la nueva medusa puede observarse por primera vez en las instalaciones del Oceanogràfic, donde su diminuto tamaño obliga a recurrir a una lupa para distinguir sus características. Una ventana a una forma de vida que hasta hace poco permanecía sin identificar y que recuerda que la exploración de los océanos no termina con los grandes descubrimientos ni con las especies más conocidas.