Cada campaña electoral convierte la educación en una promesa recurrente. Se anuncian reformas, nuevas titulaciones, inversiones y grandes acuerdos que rara vez sobreviven intactos al cambio de legislatura. Sin embargo, detrás de esa sucesión de propuestas hay una pregunta más importante que cualquier eslogan: ¿qué ciudadanos queremos formar y qué sociedad esperamos construir con ellos? La educación no puede entenderse únicamente como una herramienta para acceder al mercado laboral. Naturalmente, debe proporcionar conocimientos y competencias que permitan trabajar, innovar y prosperar. Pero su misión es también enseñar a pensar, distinguir un argumento de una consigna, reconocer la dignidad ajena y convivir con quienes tienen ideas diferentes. Una democracia necesita profesionales preparados; necesita, sobre todo, personas capaces de ejercer su libertad... Ver Más