Christine Lagarde llegó al Banco Central Europeo (BCE) sin ser economista en 2019, tras haber ejercido como directora del Fondo Monetario Internacional (2011-2019) y, previamente, como ministra de Economía (2007-2011) en el Gobierno de François Fillon, pero se marcha, probablemente, dando una lección política. Lagarde anunció por sorpresa que adelantaba su marcha del BCE al 7 de febrero del próximo año, nueve meses antes de que termine su mandato al frente de la institución que fija el precio del dinero para más de 300 millones de ciudadanos. Las preguntas no han parado de sucederse, pero su marcha no parece casual. En el horizonte tiene Davos, la élite económica global. Este lunes se reúne para reorganizar su cúpula tras las salidas de Klaus Schwab y de Børge Brende y parece que Lagarde, que ya es patrona, podría ser la próxima presidenta, según avanzó Demócrata. La salida del “búho” Lagarde —como ella se definió para escapar de la definición de “paloma o halcón” y hacer notar su “sabiduría”— del BCE, y la más que posible llegada a la presidencia del Foro Económico Mundial, haría que una posible candidatura a la presidencia francesa para suceder a Macron pierda fuerza. Una fuente con conocimiento directo dijo a Reuters que Lagarde dimitió "para poder pronunciarse sobre cuestiones políticas de su Francia natal y del ámbito internacional". Su salida temprana llevará a que los líderes europeos elijan sucesor para el BCE y eso permitirá que Macron, en calidad de ‘pato cojo’ por su imposibilidad para presentarse a la reelección, pueda votar quién gobernará el banco europeo. Pese a que muchos han celebrado este guiño a su país, el economista Paul De Grauwe, de la London School of Economics, cree que la decisión de la presidenta “degrada la institución ante un cálculo político junto al presidente francés", según publicó AFP. Albert Guivernau, director de la Fundación Civismo, en conversación con infoLibre, considera que Lagarde deja una institución que ha atravesado “algunas de las mayores perturbaciones económicas de las últimas décadas” como la pandemia, la crisis energética y el regreso de la inflación que Europa creía superada. Su principal legado, sostiene, ha sido “haber preservado la estabilidad institucional del euro en un contexto muy complejo". Sin embargo, también deja interrogantes sobre la tardanza en reaccionar ante la inflación y los efectos de una política monetaria prolongadamente expansiva. Guivernau recuerda que durante la pandemia el BCE “multiplicó por tres el dinero que había inyectado” en la economía de la eurozona.Otros expertos del mercado, como Jordi Martret de Norz Patrimonia, hacen un balance benevolente de Lagarde: "Ha sabido combinar la política con las demandas más técnicas y ha sabido proteger al BCE de presiones políticas", en una institución dividida entre "la austeridad alemana" heredada y el sur "más dispuesto a flexibilizar la política monetaria si es necesario". Eduardo Flores, el CEO de Mi director financiero, por el contrario, coloca a Lagarde en un “balance mixto”. “Cuando la inflación se disparó, subió los tipos con rapidez: desde julio de 2022 hasta septiembre de 2023, el tipo de depósito pasó del −0,5% al 4%”. Esa política que contribuyó a frenar la inflación, pero “la reacción fue un tanto tardía: la inflación de la eurozona alcanzó el 10,6% en octubre de 2022 y el coste de combatirla fue alto para las empresas: préstamos más caros, más dificultad para financiar inversiones y mayor presión sobre la tesorería, especialmente en las pymes”.Y pone como ejemplo a España, donde “el tipo medio de los préstamos de hasta un millón de euros subió del 3,4% en 2022 al 5,3% en 2023, antes de bajar al 4,1% en 2024”.La elección del presidente del BCE pasa por una sala cerrada. Ahí los Gobiernos europeos no solo eligen al presidente sino a otros importantes cargos en un juego de geopolítica dentro del “nido de víboras que es Bruselas”, como lo llama Iñaki Arcocha, fundador de IA Capital. Además de sustituir a Lagarde, habrá que cambiar el asiento del irlandés Philip Lane, economista jefe, y de la alemana, Isabel Schnabel, la jefa de operaciones de mercado.En la quiniela del sustituto hay dos nombres clave. El español Pablo Hernández de Cos (55 años), exgobernador del Banco de España y actual director del Banco de Pagos Internacionales de Basilea, el ‘banco de los bancos centrales’, y el neerlandés Klaas Knot (59), que dirigió el banco central de su país durante catorce años. A favor del español está el consenso entre el Gobierno de Sánchez y la oposición en su candidatura y las simpatías que despierta en Lagarde y en Francia. Dentro del argot, es una paloma moderada: un perfil pragmático y técnico, más dispuesto a flexibilizar si la economía lo pide. Es lo opuesto a Knot, el clásico halcón europeo, defensor de la disciplina fiscal y crítico con la compra de deuda de la era Draghi. Hernández de Cos parte con una ligera ventaja entre economistas, 12 a 9 en una encuesta de Bloomberg, pero muy ajustado en la que publicó el Financial Times, 26% a 24%. Pero esto es geopolítica. A Hernández de Cos lo ha propuesto el Gobierno y está bendecido por Feijóo ante el PP europeo, pero con unas elecciones el 29 de noviembre y no gustando demasiado en el norte del continente, la balanza se puede decantar por Knot aunque este no sea muy bien visto en el sur de Europa. Su nombramiento obligaría a que su compatriota Frank Elderson en el comité ejecutivo del BCE, abandonase su asiento. No está bien visto que haya dos miembros del mismo país con responsabilidad en la directiva del banco europeo.Guivernau considera que ambos aspirantes representan "dos perfiles de gran solvencia técnica", aunque con sensibilidades monetarias diferentes. Hernández de Cos ha mostrado una orientación "más pragmática y favorable a los consensos", mientras que Knot ha estado tradicionalmente más vinculado a la ortodoxia monetaria y al control de la inflación. La elección, sin embargo, no dependerá exclusivamente de sus méritos profesionales: "También influirán los equilibrios políticos y geográficos”.En la línea de ese liderazgo entre ‘paloma’ y ‘halcón’, Nacho Barraquer, creador de 'El Gefe con G' y profesor colaborador del IESE, considera que el próximo presidente necesitará una "visión estratégica, independencia de criterio, capacidad de escuchar sensibilidades económicas muy diferentes y, sobre todo, habilidad para tomar decisiones en un contexto de enorme complejidad".Barraquer rechaza plantear la sucesión como una disyuntiva entre controlar la inflación o impulsar el crecimiento. "La estabilidad de precios es el mandato prioritario del BCE y una condición fundamental para que familias y empresas puedan planificar. La cuestión es cómo alcanzarla minimizando, en la medida de lo posible, los daños sobre la actividad económica", sostiene. Y lanza una advertencia sobre la situación del continente: "Europa no puede ser un cementerio de turistas, ya estamos viendo cómo el futuro está quemando las calles del pasado, que son los que todavía toman las decisiones".Quien gane esta carrera hereda tres importantes frentes. La inflación es el primero. Con un 3,8% interanual es casi el doble del objetivo del 2%. El BCE mantiene los tipos al 2,5% y los mercados apuntan a una última subida en diciembre. Y cada subida encarece el Euríbor y, con él, las hipotecas variables.Arcocha es bastante crítico con la gestión monetaria de la presidenta francesa. “Sería injusto ignorar los acontecimientos extraordinarios” con los que ha lidiado Lagarde pero “el BCE cometió un error importante al infravalorar inicialmente la inflación y mantener durante demasiado tiempo una política monetaria extraordinariamente expansiva. Lo cual, es un rasgo distintivo de básicamente todos los bancos centrales del mundo a lo largo de la historia. Suelen actuar tarde y mal. Europa, en esto, destaca también para mal”.Cuando el BCE finalmente reaccionó, “tuvo que hacerlo con subidas de tipos muy agresivas, trasladando un enorme coste a familias, empresas y economías altamente endeudadas”, recuerda.El segundo frente abierto es Francia. Con una deuda en torno al 120% de su PIB, el BCE podría comprar deuda francesa a partir del Instrumento de Protección de la Transmisión. Hernández de Cos es favorable a este movimiento, Knot no. "Afrontar una potencial crisis de deuda en Francia y que no se propague a otros países puede ser uno de los próximos desafíos", advierte Martret.Y por último, el estado de las cuentas del BCE. La institución europea suma tres ejercicios en números negativos y ha dejado de repartir beneficios a los Estados. La economista francesa Jézabel Couppey-Soubeyran publicó en Le Grand Continent una propuesta: cancelar los tres billones de deuda pública que los bancos centrales del euro ya compraron a los Estados y que "el BCE ya no puede vender sin provocar una crisis” para financiar "al menos seis años de inversiones públicas verdes” y cumplir con la inversión pública que el informe Draghi consideraba imprescindible. Arcocha pide “recordar algo que olvidamos demasiado a menudo: los bancos centrales no pueden solucionar todos los problemas económicos”. Para el fundador de IA Capital, estas instituciones “pueden subir o bajar los tipos de interés, proporcionar liquidez e influir sobre las condiciones financieras. Pero no pueden resolver la falta de productividad, el exceso de burocracia, los problemas demográficos o la pérdida de competitividad de Europa. Ninguna política de tipos de interés puede hacer que florezcan nuevas empresas y nuevos empresarios innovadores que comanden el futuro de Europa”.