No hay otra forma de decirlo: el Giro ha enloquecido. Será cuestión de ver cuántos ciclistas llegan a Roma el 30 de mayo y en qué estado lo hacen. La apuesta es muy fuerte, porque tradicionalmente las grandes estrellas acuden a la carrera rosa con la mirada puesta también en el Tour y si ven que hay mucha carga se lo piensan dos veces. El riesgo combina un espectáculo brutal, seguramente exagerado, o una falta de figuras con la obligación de acudir a Francia y con la cita de la Vuelta prevista para después, como ocurre en el caso particular de Tadej Pogacar.Seguir leyendo....