Descubrir la verdadera vocación no siempre es sencillo. Mientras algunas personas tardan años en encontrar el camino correcto , otras tienen la certeza desde muy jóvenes de que su vida está destinada a seguir un rumbo completamente distinto al que la mayoría imagina. Cuando esa llamada es religiosa , la decisión implica poner la fe en el centro y dejar atrás otros proyectos personales, como tener una pareja o formar una familia. Lejos de ser un sacrificio, quienes dan este paso aseguran que se trata de una elección libre, fruto de una profunda convicción. Este es el caso de Madre Olga María del Redentor . La monja, natural de Bilbao (País Vasco), explica en una entrevista para el pódcast 'Se Buscan Rebeldes' que viene de una «familia normal, de clase media» . «Mis padres se casaron por la Iglesia. Teóricamente siempre han sido católicos, pero ninguno practicaba», comenta. Sin embargo, la hermana supo desde el principio cuál era su lugar en el mundo. «Con 18 años tenía la certeza absoluta de que el Señor me llamaba» , sostiene. Pese a la falta de apoyo de su entorno más cercano, acabó escapándose de casa para ingresar en el convento. Madre Olga María del Redentor supo a su mayoría de edad qué camino quería seguir. «Con 18 años tenía la certeza absoluta de que el Señor me llamaba», sostiene. Sin embargo, la monja explica que nunca recibió apoyo. «Nadie pensaba ayudarme para que yo viviera mi vocación» , lamenta. Cuando contó en casa su intención de ingresar en un convento, la hermana recuerda que todo eran «trabas, conflictos, problemas y negociaciones inacabables» . «Me decían: 'Estudias esto y luego te vas'», apunta. No obstante, ella asegura que siempre lo tuvo claro. «Yo lo quería y no porque a mí me apeteciese, sino porque dentro del corazón tuve la convicción absoluta de que Dios me estaba llamando. No podía vivir con ese fuego mirando para otra parte . Todo lo demás me daba igual», declara. Tras intentar sin éxito que su familia la comprendiera, no vio otra opción que fugarse. «Como vi que era imposible, llamé a las monjas y les dije que no había posibilidad de hacer las cosas civilizadamente. Al día siguiente de cumplir 18 años me marché. Ahí me quedé y no me he arrepentido nunca », explica. Eso sí, Madre Olga María del Redentor indica que, cuando llegó al convento, llamó por teléfono a sus padres «para que no montaran un follón». La hermana considera que «la rebeldía está justificada y es sana cuando hay una causa noble». «Sí, tenemos que rebelarnos contra todo aquello que nos aleje del camino de Dios », sentencia.