Cataluña y Galicia aspiran a inscribir sus nombres en el mapa mundial de la longevidad. De confirmarse las sospechas de los investigadores, ambas comunidades podrían convertirse en la sexta y séptima «zonas azules» del planeta, enclaves donde vivir cien años no es una excepción y la vejez parece discurrir con una salud fuera de lo común. Se sumarían así a Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia), Icaria (Grecia), Nicoya (Costa Rica) y Loma Linda (California, EE.UU.), territorios que han despertado el interés de la ciencia por la extraordinaria concentración de personas centenarias. Separadas por cientos de kilómetros, Galicia y Cataluña comparten hoy una misma pregunta: ¿qué permite a algunas personas desafiar el paso del tiempo y alcanzar edades extraordinarias sin renunciar a la salud? En Cataluña, la mirada se dirige hacia el eje de Olot (Gerona)-Vic (Barcelona), donde el experto en epigenética Manel Esteller ha encontrado dos vidas que parecen dibujar una pista fiable. La primera es la de Maria Branyas, la mujer más longeva del mundo, que murió en Olot en 2024 a los 117 años. La segunda, la de Carmen Noguera, una centenaria de 112 años que reside en Vic y cuyo caso estudia ahora el investigador. Dos historias excepcionales que abren la puerta a una hipótesis: que entre ambas localidades exista una concentración de longevidad aún por investigar. Noguera, actualmente la mujer más longeva de España, presenta, al igual que Branyas, un estado de salud excepcional para su edad. «Solo tiene problemas auditivos y de movilidad. Presenta muchos paralelismos con el caso de Maria», explica el investigador a ABC. Enfermera de profesión, esta nueva 'superabuela' catalana formó parte de la primera promoción de la Escuela de Enfermería de la Generalitat en 1933 y ejerció en el Hospital Clínic durante la Guerra Civil. Su trayectoria, unida a la de Branyas, con la que, según explica Esteller, mantuvo un emotivo encuentro en 2023, ha despertado el interés científico por el territorio situado entre Olot y Vic. «Se debería estudiar si entre estas dos localidades hay una zona azul de elevada longevidad», indica Esteller. El investigador, que dirige el grupo de Epigenética del Cáncer del Instituto de Investigación del Hospital de Sant Pau de Barcelona, no da aún por demostrado que exista una concentración excepcional de personas centenarias. Precisamente, su propuesta consiste en comprobarlo mediante un estudio demográfico que permita determinar si ambos casos responden a una tendencia real o son coincidencias extraordinarias. «Hay probabilidades de que lo sea pero ahora justo hemos empezado a recopilar las estadísticas y los datos epidemiológicos de la zona para confirmarlo», señala. La investigación tendría que analizar, según apunta el experto catalán, los registros de población, verificar las edades, estudiar la distribución de centenarios y supercentenarios y comparar los resultados con otras comarcas: «También debería tener en cuenta la evolución histórica, los movimientos migratorios y las diferencias socioeconómicas. La presencia de dos personas que han superado los 110 años constituye una pista, pero no basta para acreditar una ventaja demográfica». Esteller escrutó durante años en la epigenética de María Branyas para analizar las claves científicas de su superlongevidad. Junto al investigador Eloy Santos, ahora ha publicado el libro 'Historia de una supercentenaria. Claves de la longevidad' (RBA, septiembre de 2026) que recoge todas las conclusiones de su estudio, las de base científica y las más personales. Todas ayudan a entender ese envejecimiento tan excepcional. Los dos investigadores tuvieron acceso no solo y de primera mano a los datos médicos de Branyas, sino también a sus recuerdos, su manera de entender el mundo y su extraordinario carácter. «La longevidad está al 50% entre lo genético y los hábitos diarios», dice Esteller. «María tenía un genoma privilegiado, una microbiota que la protegía al máximo y unas células muy jóvenes, pero también tenía unos buenos hábitos y un entorno social próximo que le ayudó a envejecer de manera excepcionalmente saludable», apunta el investigador, que ahora amplía el foco de sus investigaciones. «Vamos a investigar si las familias son supercentenarias también y por qué hay muchas más mujeres supercentenarias que hombres», avanza a este diario. En Galicia, la investigación apunta a una posible zona azul en el sur de la comunidad, integrada por 34 municipios: 28 de Orense, uno de Lugo y cinco de Pontevedra. El estudio que prepara José María Faílde, de la Universidad de Vigo, aún pendiente de publicación, apunta a una prevalencia de centenarios que podría duplicar la de Cerdeña. Faílde, presidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría, advierte de que el concepto de zona azul combina ciencia y relato mediático: «Aquí hay una parte de ciencia y otra que es más relato mediático». Sin embargo, Galicia cuenta con cifras que alimentan la hipótesis. En los últimos 25 años, unas 25.000 personas han alcanzado los cien años. Actualmente viven alrededor de 1.800 centenarios, el 12 por ciento del total español, pese a que la comunidad representa poco más del 5 por ciento de la población. El 81 por ciento son mujeres, con un varón por cada 4,5 mujeres. La Xunta ha anunciado un registro pionero para investigar quiénes alcanzan estas edades y cómo lo hacen. Faílde destaca en declaraciones a ABC que los mayores analizados mantienen una actividad física importante, aunque suave o moderada, sostenida durante años. En muchos casos, está vinculada a labores agrícolas y ganaderas que obligan a mantenerse en movimiento y conservar una rutina. La dieta constituye otra pieza. Los mayores estudiados han comido de forma frugal, con alimentos procedentes de la huerta o de la explotación ganadera. En Cataluña, la investigación de Manel Esteller se enmarca en una búsqueda más amplia de los mecanismos que explican el envejecimiento. La longevidad depende de factores genéticos y ambientales: la herencia condiciona las posibilidades de cada individuo, pero los hábitos y las circunstancias también influyen en la salud y en el tiempo que una persona consigue mantenerse activa. «La epigenética estudia cómo el ambiente y el estilo de vida modifican la actividad de los genes sin alterar la secuencia del ADN. Permite investigar por qué personas con características genéticas similares envejecen de manera diferente y qué mecanismos podrían contribuir a una supervivencia excepcional», aclara Esteller. El experto en epigenética destaca la alimentación equilibrada, el ejercicio, el contacto con la naturaleza y las relaciones sociales como factores que ayudan a envejecer con salud. Advierte, asimismo, de que vivir solo suele asociarse a una menor esperanza y calidad de vida, lo que refuerza la importancia de las redes de apoyo durante la vejez. El término «zona azul» nació de las investigaciones demográficas del médico italiano Gianni Pes y el demógrafo belga Michel Poulain, y se popularizó gracias al periodista Dan Buettner y sus trabajos para 'National Geographic'. La clasificación tradicional incluye Cerdeña, Okinawa, Nicoya, Icaria y Loma Linda. Cerdeña destacó por la concentración de hombres centenarios, especialmente en Ogliastra; Okinawa, por la supervivencia de sus habitantes; Nicoya, por sus indicadores de longevidad; e Icaria, por su elevada esperanza de vida y menor incidencia de algunas enfermedades crónicas. Loma Linda, en California, completa la lista, aunque su evidencia demográfica es más discutida. Una revisión científica publicada en 2026 en 'Aging and Disease', que analizó 65 trabajos sobre longevidad, identificó diez territorios considerados zonas azules o posibles zonas azules, entre ellos Menorca, Cilento, Rugao y Martinica y Guadalupe. El estudio distingue entre lugares con evidencia consistente y otros que necesitan más investigación. Cataluña y Galicia se incorporan ahora a esa pregunta científica. En el eje Olot-Vic, dos vidas extraordinarias han abierto una hipótesis. En el sur gallego, los datos de 34 municipios apuntan a una concentración que merece ser investigada. Ninguno de los territorios puede proclamarse todavía zona azul, pero ambos ofrecen a la ciencia una oportunidad para comprobar si detrás de sus centenarios hay un patrón común.