Redacción ClarínLos amantes del tango y del bolero nos hallamos sumidos en una demanda continua; somos víctimas de un déficit incesante. Lamentamos que, a la escasa difusión de ambos géneros en radio y televisión, sobre todo en horarios centrales, se sume la ausencia de figuras señeras.Los cantantes que permanecen (varios también en calidad de autores y compositores) se destacan por su calidad vocal pero revelan, en función del silencio creativo que los domina, que la inventiva dejó de ser un signo peculiar.Sin prurito alguno, no son pocos los que apelan a éxitos remanidos de las décadas del 70 y 80. Lejos de reconocer su limitación actual destacan -como gran logro (exiguo en realidad)- que muchos admiradores, básicamente identificados con la música romántica, se les acercan para confesarles que, por vía de sus temas, anudaron parejas y hoy disfrutan de hijos y nietos.Tangos como “El último café” y “Nada” resuenan a menudo. Sin embargo, en paralelo, anida una pregunta: cuáles y cuántos, de similar valía, se han sumado al repertorio del 2x4. Igual interrogante aplica para boleros tales como “Cuenta conmigo” y “Amor pirata” de Chico Novarro y Paz Martínez, respectivamente.En su gran mayoría, las corrientes musicales de moda (reggaetón, trap y cumbia), apoyadas en ritmos estridentes, prescinden de la poesía o apelan a argumentos vulgares. Por eso, cabe esperar que las radios (AM en especial) se acuerden de los nostálgicos y que los letristas se iluminen.Alejandro De Muro demuroalejandro4@gmail.comOTRAS CARTAS“La responsabilidad de no dividir”De cara a las elecciones presidenciales del año próximo, comienzan a moverse dirigentes que, desde el oficialismo o desde espacios afines, tantean sus posibilidades de competir por la presidencia. Es legítimo que cada uno aspire a ocupar ese lugar. Sin embargo, cabe preguntarse si quienes carecen de una base electoral suficiente para disputar el poder tienen posibilidades reales de construir una alternativa o si, por el contrario, terminarán fragmentando el electorado que hoy acompaña al Gobierno.Las eventuales candidaturas de dirigentes del PRO o de Patricia Bullrich, enfrentadas a la de Javier Milei, plantean precisamente ese interrogante. Quizás no logren reunir una masa crítica propia, pero podrían restarle votos al oficialismo y favorecer indirectamente a una oposición que hoy enfrenta serias dificultades para ofrecer una alternativa convincente.En política, las ambiciones personales no deberían anteponerse a la responsabilidad de comprender las consecuencias de las propias decisiones. Dividir un espacio político sin construir una opción electoral viable puede terminar fortaleciendo a quienes no se pretende favorecer. La competencia es legítima. La irresponsabilidad de ignorar sus consecuencias, no.Enrique T. Vidal Bazterrica evidalbazterrica@gmail.com“Un país que pierde su esforzada clase media”Durante generaciones, la Argentina fue un país donde el trabajo, el esfuerzo y la educación permitían imaginar un futuro mejor. Hoy, para muchas familias, conservar lo conseguido parece haberse convertido en una aspiración suficiente.Mientras se discuten indicadores económicos y equilibrios fiscales, demasiados trabajadores viven con la incertidumbre de no saber si mañana conservarán su empleo. Cada empresa que cierra no representa solamente una pérdida económica: detrás quedan familias, proyectos y años de esfuerzo. Es necesario ordenar las cuentas públicas; pero también, comprender que ningún país puede desarrollarse debilitando su producción y resignándose a perder puestos de trabajo.La estabilidad debería ser el punto de partida para crecer, no una excusa para ignorar las dificultades de la vida cotidiana.Francisco Sciaky franciscosciaky@gmail.comRecibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOTags relacionadosTangoElecciones 2027