La Universidad Tecnológica de Chalmers identifica dos partículas de la sangre que podrían explicar parte del riesgo cardiovascular que persiste con el colesterol controlado

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene puesto el foco sobre las enfermedades cardiovasculares debido a su impacto a nivel de fallecimientos anuales. Los últimos informes de la institución apuntan a que se producen cerca de 18 millones de muertes al año en todo el mundo relacionadas con este tipo de afecciones. Entre ellas, destacan los infartos y los accidentes cerebrovasculares.Una de las principales causas de estas dolencias se encuentra en el conocido como colesterol LDL(lipoproteínas de baja densidad) o 'malo', responsable de transportar el colesterol desde el hígado al resto del cuerpo y que, con una elevada presencia, puede llegar a obstruir las paredes de las arterias dificultando el flujo sanguíneo y aumentando, con ello, el riesgo de un episodio cardiovascular.Hasta el momento existía la idea de que reducir el nivel de colesterol LDL era sinónimo de prevención suficiente para alejar el temor a ese tipo de accidentes, pero una investigación de la Universidad Tecnológica de Chalmers, en Suecia, apunta a la presencia de otros dos tipos de proteínas como potenciales peligros de cara a padecer algún tipo de enfermedad cardiovascular incluso cuando la medicación y la alimentación saludable han logrado bajar los niveles de colesterol 'malo' del organismo.Para esclarecer el origen de este riesgo residual, un equipo internacional de investigadores ha analizado los patrones de proteínas plasmáticas asociados a diferentes tipos de partículas transportadoras de grasas. El trabajo, publicado en la revista especializada European Heart Journal, revela conexiones inflamatorias inesperadas entre distintas clases de lipoproteínas.Vías inflamatorias compartidas por TRL y Lp(a) Los tres tipos de partículas transportadoras de grasa objeto del estudio - Universidad Tecnológica de Chalmers | Jakub MorzeCierto es que hasta la fecha el principal responsable de los riesgos coronarios era el colesterol LDL, pues se trata del más abundante, y su potencial acumulación en las paredes arteriales se encuentra ampliamente documentada. Sin embargo, el transporte de lípidos en el organismo involucra a otras estructuras que también participan en el deterioro vascular.En su investigación, el equipo analizó datos genéticos, historiales clínicos a largo plazo y perfiles proteómicos de casi 3.000 proteínas en muestras de sangre procedentes de unos 35.000 participantes del proyecto UK Biobank que carecían de antecedentes cardíacos previos. El trabajo, dirigido por Clemens Wittenbecher,  profesor adjunto de Medicina de Precisión y Diagnóstico en Chalmers, llevó a cabo un análisis comparativo entre grupos de partículas que contienen apolipoproteína B en su superficie: el colesterol LDL, las lipoproteínas ricas en triglicéridos (TRL) y la lipoproteína(a) o Lp(a).El papel de las partículas transportadoras de grasasEstas dos últimas mostraron una mayor capacidad de daño por partícula, incluso en aquellos pacientes que habían logrado reducir los niveles de presencia de colesterol LDL en su organismo, pues tanto la lipoproteína(a) como las ricas en triglicéridos albergaban proteínas capaces de atraer células del sistema inmunitario hacia las paredes de los vasos sanguíneos, lo que favorece una respuesta inflamatoria crónica.«La coincidencia entre TRL y Lp(a) sugiere que estas partículas podrían afectar algunos de los mismos procesos inflamatorios y vasculares. Esto podría ayudar a identificar objetivos para una prevención más precisa en el futuro», señala en el estudio publicado Jakub Morze, investigador postdoctoral en la Universidad Tecnológica de Chalmers.La comparativa de las muestras de los sujetos que conformaron el estudio apunta a que ambos tipos de lipoproteínas operan a través de vías biológicas comunes que inducen inflamación vascular incluso cuando los niveles de LDL se encuentran controlados. Un aspecto que aflora como potencial motivo para explicar el riesgo cardiovascular pese a que ese enemigo habitual que era el colesterol LDL se encuentre en niveles por debajo de los que se estiman como peligrosos a nivel coronario.La parte más positiva del trabajo llevado a cabo desde la institución académica nórdica es que la identificación de estos biomarcadores inflamatorios abre la puerta al desarrollo de dianas terapéuticas más precisas. Ahora, el siguiente paso en la línea de investigación consistirá en determinar si la medición clínica de estas proteínas específicas permite afinar la prevención cardiovascular en combinación con los tratamientos farmacológicos ya existentes.