¿Basta con cumplir una norma para que una aplicación sea accesible? Ed Summers, responsable de accesibilidad de GitHub, entiende que ese cumplimiento marca el comienzo del trabajo. «El cumplimiento normativo debe ser el suelo, no el techo», afirma en una entrevista con Andro4all a la que pudimos asistir en San Francisco. Su posición une las obligaciones legales con el objetivo de que las personas con discapacidad puedan utilizar realmente los productos tecnológicos.Summers rechaza que las empresas deban escoger entre atender los requisitos de una ley y ofrecer una buena experiencia. A su juicio, ambos objetivos están muy alineados. Explica que en GitHub consideran la conformidad normativa el nivel básico sobre el que construir, dentro de un esfuerzo que debe continuar a medida que evolucionan sus herramientas.También responde de forma directa cuando se le pregunta si la legislación facilita o dificulta mejorar la accesibilidad: «Ayudan», dice sobre estas obligaciones. Para él, establecer unas expectativas legales claras permite orientar inversiones y sostener una labor que afecta a la educación, al empleo y a la vida cotidiana.El efecto de las exigencias europeas fuera de EuropaSu valoración de la Ley Europea de Accesibilidad es especialmente favorable. «No se trata solo de los clientes europeos, sino de cualquier empresa que haga negocios en Europa, lo que incluye a compañías globales», explica. Para un sector con plataformas internacionales como GitHub, el mercado europeo tiene consecuencias que traspasan sus fronteras. Summers considera que la norma ha contribuido a elevar el nivel de accesibilidad mundial.El marco al que se refiere es la Directiva europea 2019/882, aplicable desde el 28 de junio de 2025. Según explica el Consejo de la UE, incluye determinados productos y servicios: ordenadores, teléfonos, terminales de pago, servicios bancarios de consumo, libros electrónicos y comercio electrónico, entre otros. Su alcance depende del producto o servicio; contempla excepciones, como la de las microempresas que prestan servicios, y no constituye una obligación idéntica para cualquier actividad digital.La norma fija objetivos vinculantes que cada Estado miembro incorpora a su legislación. Ese contexto afecta a la industria que desarrolla software, pero Summers evita presentar la aprobación de una ley como garantía automática de éxito. «Siempre es un reto conseguir que las nuevas regulaciones produzcan los resultados que queremos», reconoce. Su optimismo convive con esa dificultad de convertir las exigencias en resultados.Accesibilidad para trabajar, aprender y participarEl argumento del directivo tiene una dimensión económica. Unas condiciones adecuadas permiten que las personas con discapacidad sigan trabajando, aprendiendo, criando a sus familias y contribuyendo a la sociedad. La participación beneficia a más personas que a quien utiliza una adaptación concreta: Summers defiende que facilitarla aumenta la actividad económica para el conjunto.En su caso, la relación con estas herramientas es diaria. Utiliza un lector de pantalla y recurre a Copilot CLI para tareas complejas, automatizaciones e informes. También emplea Gemini en el móvil y ha utilizado Be My Eyes. Su experiencia ilustra la conexión entre accesibilidad y autonomía, tanto dentro de la jornada laboral como fuera de ella.Summers sitúa la legislación entre varios frentes necesarios para que esa participación sea posible. Unas expectativas públicas definidas impulsan las inversiones, mientras que el trabajo en los productos debe desarrollar la experiencia de uso sobre esa base. «Es el nivel básico sobre el que tenemos que construir», resume. La exigencia legal abre ese trabajo y, en su planteamiento, debe servir para seguir mejorándolo.