WASHINGTON.- En su última gran prueba en las urnas al frente de la primera potencia global, Donald Trump enfrenta este martes un desafío decisivo para el futuro de segundo mandato en unas elecciones de medio término cruciales que no solo podrían imprimir un fuerte avance demócrata en el Congreso, hoy bajo dominio republicano, sino que además empezarán a definir el legado del presidente y el futuro político de Estados Unidos ya con miras a 2028.“A mi juicio, son las elecciones de mitad de mandato más importantes de nuestras vidas”, las calificó Trump este lunes durante su alegato final a los votantes, en un acto sin público ante el emblemático estanque reflectante del monumento a Lincoln de esta capital.Con índices de desaprobación a su gestión en niveles récord y luego de una campaña que se planteó como un referéndum sobre el trumpismo, el mandatario se aferra a la posibilidad de que el Partido Republicano al menos retenga el control del Senado, una pulseada a la que los candidatos demócratas llegan con ventajas en estados decisivos, mientras que hay altas probabilidades de que la Cámara de Representantes cambie de manos, según anticipan las encuestas.“Los demócratas quieren hacer saltar todo por los aires eligiendo a jihadistas y comunistas, y no podemos permitir que eso ocurra. Debemos mantener nuestro Congreso fuerte y libre”, señaló en su discurso Trump, que reconoció las dificultades que históricamente tienen los presidentes en ejercicio para ganar las elecciones de medio término.Estos comicios generan expectativa mundial y serán seguidos con atención en todo el planeta, ante el impacto que un resultado adverso para Trump podría tener sobre su agenda geopolítica y comercial, y los conflictos internacionales en los que está involucrado Estados Unidos. La administración de Javier Milei, por su parte, apuesta a un triunfo de quien es su principal aliado internacional.Mientras en el Partido Demócrata se ilusionan con un “tsunami azul” de votos que con el tiempo lleve a recordar a este 3 de noviembre como el inicio del ocaso de la era Trump, a la par crecieron en los últimos días los temores entre la oposición y las autoridades locales a una posible interferencia federal sobre el proceso electoral. El propio Trump condicionó la aceptación de los resultados a que sean “elecciones honestas”, y varias medidas de su administración en estados claves parecieron preparar el terreno para que el presidente objete la transparencia de los comicios ante una eventual hecatombe republicana.En su última decisión en el marco de una disputa legal más amplia respecto a las elecciones, el gobierno solicitó este lunes a la Corte Suprema que ordene al estado de California apartar temporalmente las papeletas de más de 20.000 personas que, según el Departamento de Justicia, podrían no ser ciudadanos estadounidenses y haber votado de manera ilegal.Unos 250 millones de personas están habilitadas a votar en las elecciones de este martes en Estados Unidos, en las que se renovarán las 435 bancas de la Cámara de Representantes y 35 de las 100 del Senado, además de definir 36 gobernaciones y miles de cargos estatales y locales.El desafío es mayúsculo para el partido de Trump, quien en las últimas semanas -a pesar de tener solo el 32% de aprobación entre los norteamericanos, uno de los peores índices de su carrera política- se puso al frente de la campaña electoral para intentar apuntalar a decenas de sus candidatos.Los principales focos del día estarán puestos sobre siete disputas para el Senado, y los demócratas llegan con altas expectativas. La última encuesta elaborada por el diario The New York Times y el Siena Research Institute mostró a sus candidatos con ventajas sólidas sobre sus rivales republicanos en Michigan, Maine, Ohio, Texas y Kansas, otra más ligera en Alaska, mientras que en Iowa se registra un virtual empate técnico.Los republicanos parten de una mayoría de 53 a 47 en el Senado, si se cuentan dentro del bloque demócrata a los dos legisladores independientes que suelen votar con ese partido, por lo que los opositores necesitan una ganancia neta de cuatro escaños para hacerse con el control de la Cámara alta (el voto de desempate es del vicepresidente JD Vance).Según el modelo de pronósticos Decision Desk HQ, el Partido Demócrata tiene 65% de posibilidades de recuperar la mayoría en el Senado, mientras que el panorama para la Cámara de Representantes le es aún más favorable: 84% de probabilidades.De acuerdo a ese pronóstico -en línea con la mayoría de las encuestas-, los demócratas ganarían allí 241 escaños (se necesitan 218 para una mayoría).DDHQ FORECAST UPDATE (11/2): SenateDemocrats now have a 65% probability of winning the Senate in our forecast.Democrats lead in six states: Alaska. Kansas, Maine, North Carolina, Ohio, and Texas. They need to flip four states to win control of the Senate. pic.twitter.com/MMsK6Xqgja— Decision Desk HQ (@DecisionDeskHQ) November 2, 2026El presidente, de 80 años, se enfrenta a un riesgo real de que los demócratas tomen el control de ambas cámaras del Congreso. Ese eventual escenario complicaría la aprobación de nuevas leyes que quiera impulsar la Casa Blanca, obligaría al gobierno a negociar con la oposición y ampliaría la capacidad legislativa para investigar muchas de las medidas de administración Trump. Es lo que en la política norteamericana se conoce como “pato rengo”, un presidente en la recta final de su mandato con su poder político disminuido.En una entrevista, Trump, que está impedido constitucionalmente de ir por un nuevo mandato en 2028, ya advirtió que en ese caso se convertirá “en el señor veto” para bloquear la agenda demócrata en el nuevo Congreso (entrará en funciones el 3 de enero próximo).El otro gran interrogante en un eventual Congreso dominado por los demócratas es si la oposición finalmente podría impulsar un impeachment contra Trump, aunque en el Senado se necesita una mayoría de dos tercios para declarar culpable y destituir a un funcionario.De todas formas, especialistas señalaron que tampoco se puede descartar una falla en las encuestas y que estén subestimando una movilización de votantes republicanos, como ha pasado, por ejemplo, en las elecciones presidenciales de 2016 en las que Trump dio la sorpresa en estados claves que impulsaron su triunfo ante Hillary Clinton.Inflación y guerraLa campaña para estos comicios estuvo dominada, entre otros factores, por la dura estrategia antimigratoria de Trump, el alto costo de vida, una inflación que se aceleró en los últimos meses (en septiembre volvió a tomar impulso, a 3,7% interanual), y el alto rechazo a la gestión del mandatario por la guerra contra Irán, que Estados Unidos e Israel iniciaron con un operativo militar conjunto el 28 de febrero pasado.Los demócratas buscaron elevar la llamada crisis de asequibilidad en Estados Unidos al centro de la discusión de la campaña para sacar un rédito electoral. Uno de los principales ejes fue la fuerte suba de los precios de los combustibles (el promedio de la nafta regular pasó de 2,98 dólares por galón a fin de febrero a 4,17 en la actualidad), impacto directo del conflicto en Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz.Según un estudio reciente de Reuters/Ipsos, el 78% de los norteamericanos atribuye a las políticas de Trump que los precios suban más rápido que los salarios, mientras que hasta ocho de cada diez desaprueban su labor en materia de inflación, según un trabajo de AP-NORC.El creciente interés de los norteamericanos en este proceso electoral se vio reflejado en el récord de participación en la votación anticipada. El Laboratorio Electoral de la Universidad de Florida, fuente de referencia en materia de participación electoral en el país, registró más de 53,2 millones de sufragios emitidos por esa vía antes del día formal de los comicios.Además de los cargos formales a todo nivel que se ponen en juego este martes, las elecciones empezarán a marcar el rumbo de los dos principales partidos políticos de Estados Unidos de cara a la carrera presidencial de 2028.Por el lado republicano, que enfrentó una campaña turbulenta ante algunas divisiones en torno a la figura del propio Trump, se pondrá a prueba el apoyo al presidente y su dominio personalista sobre el partido a una década del triunfo que lo catapultó por primera vez a la Casa Blanca, en 2016.Los analistas estiman que una eventual derrota contundente de los candidatos republicanos llevaría a los sectores más conservadores del partido, encarnados en el movimiento MAGA (Make America Great Again) del magnate, a replantearse su lealtad hacia Trump. Para la carrera por su sucesión ya asoma una pulseada entre Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio.Por el lado demócrata, en tanto, los resultados serán determinantes para el futuro rumbo del partido, en momentos en que los sectores del ala izquierdista -tanto progresistas como los demócratas socialistas que tienen en el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, a una figura central- han ganado terreno por sobre el establishment.