Un asistente utilizado a escala mundial puede influir en muchas más decisiones de las que alcanzaría una persona por sí sola. Ese es el razonamiento que Sam Altman empleó en su ensayo The Gentle Singularity, publicado en junio de 2025, para defender una comparación llamativa entre ChatGPT y las figuras humanas de cualquier época. Su argumento pone el foco en la difusión del producto.«En cierto sentido, ChatGPT ya es más poderoso que cualquier ser humano que haya existido», escribió Altman. La frase conserva un matiz que resulta decisivo: habla de poder en un sentido amplio y lo explica por la cantidad de usuarios que recurren al sistema. No presenta una prueba que establezca que el chatbot sea más inteligente que todos los seres humanos.El propio párrafo incluye la otra cara de esa influencia. Según Altman, una mejora pequeña puede producir beneficios enormes cuando llega a tanta gente, pero un desajuste también se amplifica al repetirse entre cientos de millones de usuarios. Se trata de una reflexión de archivo del impulsor de la herramienta, que tiene un interés directo en su expansión, y no de una medición independiente.El tamaño de la audiencia cambia las consecuenciasUn trabajo publicado por OpenAI e investigadores vinculados a Harvard y Duke en septiembre de 2025 ayuda a dimensionar aquella discusión. El estudio How People Use ChatGPT situó el uso en más de 700 millones de usuarios semanales a finales de julio de ese año. Es una fotografía fechada, posterior al ensayo, y no una cifra actual que deba extrapolarse automáticamente al presente. Esa escala explica el interés del debate sobre los riesgos de la IA.El análisis se centró en los planes de consumo y clasificó conversaciones mediante un procedimiento automatizado diseñado para proteger la privacidad. Cerca del 70% del uso estaba desvinculado del trabajo; orientación práctica, búsqueda de información y escritura reunían alrededor de ocho de cada diez conversaciones. La influencia entra en decisiones cotidianas, además de las profesionales. Por eso, las preguntas sobre el coste de ChatGPT forman parte de una relación mucho más amplia con el servicio.La confianza de una respuesta no garantiza su verdadLa magnitud del uso tampoco elimina los problemas del producto. En septiembre de 2025, OpenAI publicó una explicación sobre las alucinaciones: respuestas plausibles que contienen falsedades. Su investigación señaló que ciertos procedimientos de entrenamiento y evaluación premian adivinar frente a reconocer incertidumbre. La propia empresa reconoce el problema, incluso en modelos capaces de resolver tareas complejas. El debate sobre una IA más accesible tiene que convivir con esa limitación.Esto permite entender la advertencia de Altman sin atribuir al programa una voluntad propia. Si muchas personas emplean una misma respuesta equivocada, el efecto puede extenderse por repetición y confianza. El poder de distribución importa tanto como la capacidad técnica de cada modelo. También obliga a explicar con precisión los beneficios que se prometen: audiencia, inteligencia, fiabilidad y autonomía describen cosas diferentes, aunque aparezcan juntas en la conversación pública.La comparación histórica de Altman sigue siendo una valoración del directivo, no una clasificación verificable de todos los individuos que han vivido. Su utilidad está en señalar una responsabilidad concreta: quien modifica un servicio masivo cambia una herramienta en la que mucha gente se apoya para escribir, informarse o decidir. Entender ese alcance exige conservar la condición inicial de la frase y mirar también qué sucede cuando el sistema falla.